Un informe del Global Entertainment & Media Outlook 2025-2030 de PwC proyecta que los ingresos globales por libros, revistas y periódicos lleguen a unos US$ 640 millones en 2026 y bajen a US$ 637 millones hacia 2030. En ese contexto, aunque en Perú los formatos impresos siguen siendo los favoritos de los lectores y lideran la participación, algunas editoriales ya empezaron a virar hacia lo digital para alinearse con las tendencias del mercado.
La migración, sin embargo, no es sencilla. El informe de PwC detalla varios desafíos para las editoriales en la construcción de un espacio digital para su catálogo. Uno de los primeros retos es económico: pasar de la venta de ejemplares físicos a modelos de suscripción periódica o de monetización publicitaria por impresiones o clics implica márgenes iniciales más reducidos. A ello se suma la batalla por la atención del público, pues en el entorno digital las editoriales ya no compiten solo entre sí, sino también con redes sociales, plataformas de streaming y creadores de contenido.
Otro frente complicado es el interno. Las redacciones y los equipos editoriales deben transformar su cultura y procesos para producir contenidos nativos digitales, interactivos y optimizados con analítica de datos en tiempo real, sin descuidar la calidad periodística o editorial que respalda a la marca.
Pese a las dificultades, hay señales alentadoras. Jeremy Torres Montero, gerente general de Speedwagon, señaló que tanto en Perú como en varios países de Europa se observa una tendencia al alza de librerías independientes que trabajan con editoriales y autores independientes que ya miran lo digital. Gestión conversó con dos editoriales para conocer su punto de vista sobre esta transformación.
Torres recordó que Speedwagon ya experimentó con contenidos digitales en el pasado. Durante la pandemia, cuando se impulsaban campañas de lectura en casa, la editorial ofreció libros gratuitos para descarga a través de la plataforma española Lectu, que permitía a editoriales latinoamericanas subir libros de libre descarga hasta que cerró hace aproximadamente un año y medio por problemas de costos. En esa etapa, títulos como “Ecofuturismo” y “Cyberterror” tuvieron una buena acogida.
Ese resurgir del libro impreso se vincula con un “detox digital”: los jóvenes, muy expuestos al teléfono y las pantallas, buscan reconectarse con espacios y experiencias físicas como reuniones, citas presenciales en cafés o centros comerciales, contacto con la gente y, por extensión, con el libro físico. En ese contexto, el libro físico mantiene un lugar central, asociado a una experiencia tangible y social de lectura y encuentro. Sin embargo, este fenómeno no implica que el libro digital sea irrelevante, sino que se mantiene como una alternativa importante que debe ser evaluada estratégicamente en el entorno librero.
Torres relató que sostuvo reuniones con una editorial de Colombia que trabaja dos líneas: digitalización de libros y modelos de impresión bajo demanda. Desde su perspectiva, este tipo de alianzas abre posibilidades como la expansión hacia otros países de Latinoamérica y hacia todo el público de habla hispana, así como la traducción de libros a varios idiomas (inglés, portugués, japonés, entre otros), lo que amplía el alcance internacional de la editorial. Estas estrategias son contempladas por las editoriales peruanas no solo para crecer dentro del público nacional, sino también para expandirse a mercados regionales.
Asimismo, el desarrollo de audiolibros se presenta como otra vía de difusión, aunque con reservas respecto al uso de inteligencia artificial en voces y procesos creativos. Pese a estos avances, aún persisten brechas en el sector, sobre todo en los consumidores.
Para Acuedi Ediciones, la venta digital representa menos del 10% de su negocio, mientras que el soporte impreso sigue siendo predominante. Así lo señaló su director, Héctor Huerto Vizcarra, quien además considera que el principal obstáculo para el lector peruano es la dimensión económica: el libro continúa siendo un objeto de lujo y no un bien de consumo masivo accesible para todos.
“Hay un segmento de la población que sí cuenta con la posibilidad de usar un Kindle, porque en el celular es muy complicado leer. Usar un dispositivo especial para la lectura, sea una tablet o una tableta de Kindle, te facilitan”, señaló.
Desde la perspectiva de Huerto, el principal reto para las editoriales peruanas no es tecnológico, sino estratégico: entender cuál es realmente el mercado digital. Cuando creó la editorial en el 2011, comprendió que la clave está en saber de qué manera el entorno digital acompaña al impreso y cómo puede potenciarlo, más que reemplazarlo. La digitalización, explicó, no se concibe como una sustitución del libro físico, sino como una ampliación de las posibilidades de difusión y acceso, siempre en relación con el soporte tradicional.
Bajo esa mirada, el formato impreso seguirá vigente. Lo digital no ha logrado desmarcarse del libro físico, y las tecnologías creadas hasta ahora no han cambiado, mejorado ni suplantado el formato tradicional. El soporte material conserva un valor que el entorno digital no ha superado, por lo que no prevé una desaparición del libro impreso, sino una coexistencia donde este mantiene predominio.
La SBS también difundió una serie de pautas para quienes deseen organizar su presupuesto al momento de comprar libros. Antes de salir a una librería, sugiere fijar un tope de gasto que considere los ingresos y no ponga en riesgo el pago de necesidades básicas. Asimismo, recomienda elaborar una lista previa con los títulos, autores o géneros que realmente se buscan; tener una idea clara ayuda a priorizar y evita adquirir ejemplares solo porque estaban en oferta o captaron la atención en el momento. También aconseja incluir todos los desembolsos relacionados con la salida, como el transporte hacia el punto de venta, la alimentación o cualquier otra actividad que surja durante el recorrido. Finalmente, advierte que los descuentos pueden ser una oportunidad, pero antes de aprovecharlos hay que evaluar si ese libro ya estaba en los planes o si la promoción busca incentivar un gasto mayor al previsto.
Esta situación se refleja en que amplios sectores de la población, sobre todo los de menores ingresos, no cuentan con la capacidad económica para pagar los precios actuales de los libros. Por ello, la planificación financiera se vuelve clave para acceder a material bibliográfico sin descuidar otras obligaciones.
Bachiller en Periodismo por la Universidad Jaime Bausate y Meza, con seis años de experiencia en prensa radial, escrita, digital e instituciones públicas.
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