En “Presentes”, el escritor Paco Cerdà no se limita a reconstruir el multitudinario cortejo que trasladó el cuerpo de José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española, desde Alicante hasta El Escorial durante 11 días y 10 noches. El autor mira hacia el otro lado: hacia los presos, los exiliados, los fusilados y las familias que intentaban sobrevivir en un país que, aunque había terminado oficialmente la guerra, seguía marcado por la violencia.

“Para mí lo más difícil era mostrar el lado más humano, más personal de esa represión y prefería hacerlo con unas cuantas vidas que no intentar abarcarlo todo como un ensayo histórico que pusiera números y cifras a la represión”, sostiene el autor a Correo.

El título del libro subvierte el uso propagandístico de la palabra “presente” que utilizaban los falangistas cada vez que querían reivindicar a sus muertos en la Guerra Civil. Lo que busca la obra es hacer presentes a todas aquellas voces y vidas que fueron silenciadas durante la larga dictadura franquista.

Pero hay un claro diálogo con nuestro tiempo. En estos once días y diez noches, en esta epopeya dictatorial, vemos una especie de caleidoscopio de una dictadura que muestra el uso del lenguaje, de la propaganda y de las realidades alternativas para cimentar un trampantojo de la vida: algo que no sucede, pero que con la palabra se pretende hacer creer como verdad.

Cerdà explica que el libro tiene dos capas claramente diferenciadas respecto a lo emocional. Por un lado están los vencedores de la guerra, a quienes une la voluntad de crear una nueva España, con una gente nueva, y también una sed de venganza deplorable. Por otro lado, está todo el universo de la represión: aquella sociedad que está sufriendo el zarpazo de la posguerra.

“Creo que a ellos los une la dignidad de resistir ante unas ideas que los han llevado al precipicio vital. En la historia se narra muy explícitamente cómo, mientras se van paseando los restos de Antonio Primo de Rivera, hay otra parte del país que todavía se encuentra sufriendo cárcel, exilio y fusilamientos”, añade.

Esta historia de no ficción literaria no se detiene únicamente en la figura del líder falangista ni en el despliegue propagandístico que acompañó su traslado. El autor prefiere centrarse en unas cuantas vidas para mostrar el lado más humano de la represión, en lugar de abarcarlo todo como un ensayo histórico que pusiera números y cifras.

Consultado sobre el diálogo entre esa historia y sociedades como las latinoamericanas, que también han atravesado dictaduras y gobiernos autoritarios, Cerdà responde: “Sin duda, en el libro hay una reflexión sobre las sociedades que han atravesado gobiernos dictatoriales y que incluso en el presente pueden estar abismándose ante este tipo de aromas intolerantes”.

El escritor recuerda a César Vallejo, “vuestro poeta, que tanta presencia tuvo en la Guerra de España y que tanto se comprometió con ella”, y cita un verso que siempre lo ha perseguido y fascinado. “Creo que la Guerra de España fue el heraldo negro de lo que iba a venir después en Europa”, concluye.

La no ficción literaria, insiste Cerdà, abre “enormes y anchos caminos” para narrar una historia: permite referir hechos, meditar sobre ellos, injertar poemas o aforismos y mostrar el sentimiento del autor, pero no autoriza a inventar ni a “dar gato por liebre”. Es, a su juicio, una manera “muy honesta y muy moderna” de contar, gracias a su textura de collage y fragmentarismo, una historia de forma caleidoscópica, desde muchos ángulos distintos. Esa suma de voces, dice, se corresponde “en forma y fondo” con la realidad auténtica de la historia. Por eso, sostiene que no se puede volver al pasado y circunscribir la historia únicamente a los grandes acontecimientos: a veces las cartas de un campesino a su mujer en Francia o el dietario que Elena Fortún lleva en el exilio dicen más de las secuelas de una guerra que la simple narración de sus batallas.

Esa convicción lo llevó a construir, en todos sus libros —“El peón”, “14 de abril” y ahora “Presentes”—, una estructura compleja, “lo suficientemente resistente como para soportar el peso de tantas historias”. En ese empeño, encuentra respaldo en la literatura de no ficción que practican autores como Emmanuel Carrère, Antonio Scurati, Martín Caparrós o Leila Guerriero, que “tiene mucho que decir en este presente desordenado”.

En medio de esa investigación histórica, lo que más lo sorprendió del comportamiento humano fueron dos detalles, porque “en los detalles está lo más profundo de una historia”. El primero es el amor: cómo aparece en situaciones desesperadas. Recuerda la historia de amor entre Antonio Machado y Pilar de Valderrama que aparece en el libro; también el amor de dos chicos de 17 años que no se conocen, presentados por carta, que se escriben cartas de amor desde sus respectivos campos de concentración en España; y el amor de una chica que intenta escapar con su hija de unas monjas para que no se queden con su bebé. El segundo detalle es la reveladora presencia del Quijote en aquellos días: un personaje se aferra al espíritu idealista, romántico y utópico de Don Quijote de la Mancha para quizás explicarse por qué está en esa situación y para explicar también qué tipo de perfil humano acaba comprometido plenamente con una causa política.

Esa mala digestión de la memoria, dice, se extiende también a gran parte de Latinoamérica, con los totalitarismos y los gobiernos de la cerrazón. Si el pasado no pasa, como decía Walter Benjamin, y nos persigue y nos acompaña, es importante que en todos esos lugares nos preguntemos qué podemos hacer con ese pasado que no pasa, con esa memoria que nos acompaña. Frente a ello, propone dos formas inteligentes de encararlo: que sirva de incomodidad crítica y que nos ayude a reconciliarnos con nuestra relación con el pasado. “El silencio y el olvido solo se los pueden permitir algunos”, sentencia.

Entonces, ¿la historia de José Antonio Primo de Rivera es también un pretexto para hablar de lo que vivimos hoy?

El escritor confiesa que la gran sorpresa de esta publicación ha sido su alcance internacional: el libro se está editando en 14 países, una cifra que considera alta para lo que imaginó como “una historia local, una historia española de la guerra y la dictadura, de la posguerra concretamente”. Al consultar a sus editores de otras naciones por qué les resultaba atractiva, le respondieron que la historia hablaba del presente, de hoy: de dictaduras, de las tensiones entre nuevos fascismos y democracias, del poder de una persona para resistirse al embate totalitario y del poder de la propaganda para levantar mundos irreales, como el que intentaba erigir Francisco Franco y su régimen. “A veces perdemos de vista que toda historia relativa al pasado nos está hablando más del presente cuando la escribimos que del pasado”, reflexiona.

La cercanía con el tema no es académica para Cerdà. Es bisnieto de un hombre que llevaba su mismo nombre, su bisabuelo Paco, fusilado en un paredón cuatro años después de terminada la guerra, solo por haber sido concejal de un ayuntamiento republicano. Esa ausencia, ese silencio que acallaba tanto dolor o que dejaba tanto dolor y tanto estigma, le hizo comprender que la Guerra de España no es, en absoluto, pasado. Hay cientos de miles de familias españolas que no pueden olvidar lo sucedido; muchas todavía tienen a sus víctimas en fosas comunes por desenterrar. Poco antes de morir, su abuelo cumplió 100 años, y el autor vuelve a César Vallejo: “España, aparta de mí este cáliz”. “El cáliz continúa”, afirma, y el influjo de aquel cáliz de odio y división “más que nunca amenaza con estar presente”. Ante ello, dice, hay que ser firmes y, como indica el título del libro, estar presentes.

Sobre los desafíos de escribir no ficción cuando la realidad ya carga con un peso emocional e histórico tan fuerte, el autor enumera tres. El primero es la honestidad. El segundo, una laboriosidad notable: conseguir cien detalles para armar narrativamente una historia sin recrear nada, ni una palabra, ni un movimiento, ni un vestido, ni un color. El tercero, en su caso, es la complejidad: intenta que sus historias lo sean tanto en la forma como en el pensamiento. La mejor manera de retratar una historia que nunca es simple ni maniquea, sostiene, es contarla de manera no maniquea, porque hacerlo de otra forma sería faltar a la realidad. Pone como ejemplo que no hubo dos Españas: había muchas más, con monárquicos, comunistas, anarquistas, republicanos moderados y nacionalismos o independentismos en distintas regiones. Por eso, una de las claves al escribir no ficción es quitarse una camiseta que nunca se ha puesto: la del maniqueísmo.

Finalmente, tras escribir Presentes, cree que entendemos peor que hay presencias que no tienen nada que ver con lo físico. Hay presencias que nos acompañan durante muchas décadas después de que desaparezcan las personas, sus personajes o sus vidas. Y todos esos fantasmas, en el mal sentido y en el buen sentido de la palabra, son los que nos siguen rodeando.

“Es la oportunidad de establecer un diálogo más amplio en términos culturales y, precisamente, como tú apuntabas, establecer diálogos con lectores de Perú, Argentina, México, Colombia, Chile, Uruguay”, señala Paco Cerdà al ser consultado por el hecho de que Presentes se publique en tantos países y forme parte de ese mapa de lenguas. El escritor valenciano considera que se trata de algo “muy enriquecedor” y asegura que acaba de regresar de Argentina y Chile, donde pudo comprobar “cómo son tan parecidas estas historias y cómo este último siglo realmente descansa —entre comillas, porque no logra descansar— sobre algunas barbaries, por un lado, y grandes ejemplos de dignidad, por otro”. Aun así, lanza una advertencia: “es literatura, no activismo”.

Antes, el autor había reflexionado sobre los traumas colectivos. En su opinión, tanto en España con la guerra y la dictadura como en Perú con el conflicto de los años 80 y otros episodios históricos, “cada pueblo tiene sus fantasmas, larvados por una memoria mal digerida o a la que se ha intentado enterrar”. Sostiene que “a la memoria no se la puede enterrar con atajos” y que esta “nos acompañará siempre”, por lo que “depende de nosotros elegir de qué forma nos acompaña”.

El diálogo con el entrevistador deriva entonces hacia el carácter de esa literatura, que permite cuestionar y reflexionar sobre la historia vivida y sobre la que se dejará a las próximas generaciones. Cerdà asiente y explica que trabaja con “unas vidas a las que no les hace falta la imaginación ni la ficción para ser absolutamente extraordinarias”. Confiesa que siente respeto al asomarse a esas existencias, pues sabe que trabaja “con el material más frágil y más inflamable de todos, que son las vidas, sobre todo las comunes, que muchas veces no tienen más que uno o dos escritores que se ocupen de ellas”. Y remata: “es bueno que los silencios se rompan para que aprendamos de sus ecos”.

Paco Cerdà (Genovés, 1985) es periodista y escritor. Presentes (Alfaguara, 2024), considerado uno de los mejores libros del año por Babelia, ha ganado el Premio Nacional de Narrativa 2025, el Premio El Ojo Crítico de Narrativa y el Premio Brutal al mejor libro de no ficción de La Biblioteca de Hoy por Hoy, y se ha convertido en un fenómeno internacional que se publicará en catorce países. Fundó y dirigió la editorial La Caja Books. Ha trabajado diez años como reportero en Levante-EMV y ha colaborado con la Cadena SER. Ahora escribe en el diario El País y en Cuadernos Hispanoamericanos. Imparte clases de «No Ficción» en la Universitat de València.

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