La esterilización temprana es una de las medidas preventivas más efectivas en la salud felina. Según información de Royal Canin, esterilizar a una gata antes de los seis meses puede reducir hasta en un 91 % el riesgo de desarrollar tumores mamarios. Sin embargo, el momento del procedimiento es clave para lograr ese efecto protector, y la decisión debe tomarse junto con un médico veterinario, evaluando la edad, el estado de salud y las características particulares de cada animal.
Esta práctica también contribuye al control reproductivo, aunque puede venir acompañada de cambios metabólicos que obligan a revisar otros aspectos del cuidado diario. Tras la cirugía, por ejemplo, las necesidades energéticas del felino pueden disminuir mientras aumenta su apetito; si esa variación no se compensa con ajustes en la cantidad o el tipo de alimento, existe el riesgo de que el gato suba de peso.
Todo esto cobra relevancia en el marco del Mes del Gato, cuando los especialistas ponen el foco en la medicina preventiva, los controles veterinarios regulares y una alimentación acorde con la edad y condición de cada animal.
La insistencia en la prevención no es casual: los gatos tienden a disimular el dolor y la enfermedad como parte de su naturaleza. “Por su naturaleza de cazador y, a la vez, de presa, los gatos son verdaderos expertos en ocultar el dolor. Se trata de un mecanismo de supervivencia heredado de sus ancestros”, explica Carolina Figueroa, médica veterinaria de Royal Canin. Por esa razón, los cambios visibles en su rutina suelen aparecer recién cuando la enfermedad ya está avanzada.
Frente a esa dificultad para detectar a tiempo los problemas de salud, la especialista recomienda que los gatos reciban al menos un control veterinario anual, incluso si aparentemente se encuentran sanos. Esa revisión periódica permite identificar señales que, de otro modo, pasarían desapercibidas para sus tutores.
Los trastornos del tracto urinario inferior también merecen especial atención por parte de los tutores. Los gatos, por naturaleza, suelen consumir cantidades relativamente bajas de agua y producir orina concentrada, y factores como el estrés, el entorno, la alimentación o el manejo de la caja de arena pueden intervenir en la aparición de estos problemas.
Asimismo, los cambios de comportamiento pueden ser una alerta temprana. Observar la rutina diaria del felino ayuda a identificar posibles enfermedades: una variación sostenida en el apetito, nivel de actividad, interacción con las personas o utilización de la caja de arena puede ser de las primeras señales de que algo no marcha bien. No todo cambio implica necesariamente una enfermedad, pero si aparece de forma repentina, persiste o se acompaña de otros síntomas, debe ser evaluado por un profesional.
Las necesidades del gato tampoco permanecen iguales a lo largo de su vida. Durante el primer año atraviesa distintas etapas de crecimiento y desarrollo que modifican sus requerimientos nutricionales, y alrededor de los siete años, según información de Royal Canin, comienzan modificaciones biológicas que pueden pasar inadvertidas para los tutores. En esa etapa cobra mayor relevancia vigilar la masa muscular, el peso y la función renal, además de mantener controles veterinarios periódicos.
La alimentación posterior a la esterilización, por su parte, debe adaptarse a las necesidades individuales del animal, considerando edad, peso, actividad física y estado de salud. Los controles veterinarios permiten vigilar la condición corporal y detectar oportunamente cambios que puedan requerir ajustes en la dieta u otros hábitos.
La prevención de enfermedades en gatos no depende de una sola intervención, sino de una combinación de medidas que incluyen controles veterinarios, vacunación, control de parásitos, esterilización cuando corresponda, nutrición adecuada y la observación constante de cambios en el comportamiento. En ese marco, “en Royal Canin promovemos que cada gato visite al médico veterinario al menos una vez al año, incluso cuando parece completamente sano”, señala Figueroa.
La enfermedad renal crónica, otra condición relevante especialmente a medida que los felinos envejecen, puede desarrollarse en etapas iniciales sin síntomas fácilmente reconocibles en el hogar. Por eso, los controles veterinarios y las pruebas que el profesional considere necesarias contribuyen a su detección y seguimiento. La recomendación es no esperar a que aparezcan signos evidentes para llevar al animal al veterinario, sobre todo conforme aumenta su edad o si existen antecedentes médicos.
Entre las señales que justifican atención veterinaria se encuentran la dificultad o dolor al orinar, presencia de sangre en la orina y cambios en el uso de la caja de arena. Especial atención requiere un gato que intenta orinar repetidamente y produce poca orina o ninguna, ya que una obstrucción urinaria, particularmente en machos, puede convertirse en una emergencia veterinaria y requiere atención inmediata.
La frecuencia de los controles puede variar según la edad y condición de cada animal, por lo que corresponde al médico veterinario establecer un esquema de seguimiento individual.
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