Este jueves, a las 7.34 a. m., se cumplen 72 horas desde el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el oeste de Colombia el último lunes. Ese periodo es considerado clave para las labores de búsqueda y rescate, y llega a su fin mientras cerca de 500 personas permanecen desaparecidas y podrían encontrarse bajo los escombros de edificios derrumbados.
El sismo, el más potente registrado en el país en lo que va del siglo, deja hasta el momento 265 muertos y unos 3.500 heridos. En Cali, Pereira y otras ciudades del oeste, los grupos de rescate trabajan sin cesar mientras el presidente declara emergencia económica para atender a los damnificados. Más de 11.000 viviendas han sido destruidas.
En Cali, Valeria Cardona, una estudiante de 26 años, busca a dos de sus primos. “Tenemos sospechas de su localización, pero no hay pruebas de vida”, explicó. “La esperanza es lo último que se pierde, pero estamos angustiados ante la posibilidad de recibir una noticia que no queremos”, añadió.
El terremoto tuvo su epicentro cerca de San José del Palmar, en el Chocó, una de las regiones más pobres del país. Quibdó, la capital del departamento, fue la más afectada, con un saldo de 14 fallecidos, aunque allí ya terminó la fase de búsqueda y rescate. Así lo confirmó la gobernadora Nubia Córdoba, quien anunció que ahora se concentrará "en la fase de respuesta enfocada en la atención a los damnificados". "Ya no buscamos a nadie bajo los escombros por la misericordia de Dios. Esta familia a la que buscábamos se encuentra con nosotros y ya está recibiendo la atención requerida", agregó.
Mientras tanto, a Cali llegó un grupo de los Topos, los célebres rescatistas mexicanos que se encontraban en la vecina Venezuela, donde un doble sismo causó más de 6.000 fallecidos el 24 de junio. "Todos venimos de Venezuela, de La Guaira. Ahora estos 41 días que estuvimos trabajando ahí nos hicieron más fuertes, porque superamos el hambre, el dolor, la desvelada", dijo Héctor Méndez, de 80 años y presidente de Topos Aztecas. "No se sientan víctimas. Esto no es un horario de oficina ni de taller. Esta es la vida real, donde sale la mejor parte del espíritu. Son cosas de la naturaleza que pasan", añadió.
Con más de 11.000 viviendas destruidas, según cifras oficiales, miles de familias han quedado sin hogar y ya han pasado varias noches a la intemperie, sea por los daños en sus casas o por el temor a las réplicas. En ese contexto, el presidente Abelardo de la Espriella, quien asumió el cargo apenas tres días antes del terremoto, decretó la emergencia económica, una herramienta que le permite crear impuestos y modificar el presupuesto sin pasar por el Congreso, pese a que su consigna era no establecer nuevos tributos. Además, anunció la creación de un fondo con ayudas internacionales para atender a los damnificados. "Esta crisis (...) nos agarra en un momento difícil, en medio de una crisis fiscal", declaró el mandatario.
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