En la ceremonia por el Día del Bodeguero, la presidenta Keiko Fujimori salió a dar la cara ante uno de los sectores económicos más castigados por la delincuencia y pidió paciencia mientras su administración implementa las medidas para recuperar el orden. Lo hizo con entusiasmo, pero con un mensaje que refleja la enorme dimensión del desafío que enfrenta su Gobierno.

“No podemos dar resultados en 15 días”, puntualizó la mandataria, y en eso tiene razón: ningún gobierno puede resolver de la noche a la mañana un problema incubado durante años. La inseguridad no apareció ayer, y su solución requiere estrategia, inteligencia, fortalecimiento policial, coordinación institucional y decisiones firmes. Pero también es cierto que la paciencia de los ciudadanos tiene un límite.

Las bodegas, pequeños comercios y negocios familiares son uno de los principales motores de la economía: generan empleo, sostienen a miles de hogares y dinamizan los barrios. Por eso resulta especialmente grave que quienes trabajan honestamente para salir adelante tengan que destinar parte de sus ingresos a delincuentes que los amenazan y extorsionan.

El Gobierno apenas comienza, pero precisamente por eso tiene la oportunidad de demostrar que las promesas pueden convertirse en resultados. La ciudadanía entiende que quince días no bastan para solucionar una crisis de esta magnitud; lo que difícilmente aceptará es que esos quince días se conviertan en quince semanas de explicaciones o quince meses de espera. Los pequeños y medianos emprendedores, que sostienen la economía desde los barrios, merecen respuestas concretas y no solo discursos.

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