Claire Parfitt, de 42 años, lidera actualmente el equipo de estudios de exploración de Marte en la Agencia Espacial Europea (ESA), donde su labor se centra en el diseño y la planificación de futuras misiones robóticas y humanas al planeta rojo. Sin embargo, su camino hacia la industria espacial no comenzó con un sí, sino con un rechazo.
Cuando tenía 14 años, Parfitt quiso adquirir experiencia laboral en el sector y solicitó un puesto de prácticas en la NASA, pero fue rechazada. Lejos de rendirse, encontró una oportunidad mucho más cercana a su hogar: una estancia en el entonces futuro Centro Espacial Nacional de Leicester, que se preparaba para abrir sus puertas en 2001. Fue allí donde, como parte de sus tareas, terminó limpiando un inodoro espacial, una anécdota que hoy resulta la más llamativa de su historia.
Más de dos décadas después, aquella vivencia se ha convertido en un recuerdo sorprendente dentro de una carrera consagrada al espacio. Detrás de esa imagen del inodoro, sin embargo, hay algo más relevante: una adolescente que se acercó por primera vez a la tecnología espacial y que, años más tarde, pasó a integrar algunos de los estudios que definirán las próximas etapas de la exploración de Marte. Parfitt trabaja para el Centro Europeo de Investigación y Tecnología Espacial de la ESA y contribuye a dar forma a las futuras misiones humanas al planeta rojo.
El inodoro espacial que marcó el comienzo de su carrera
Antes de llegar a la ESA, Parfitt estudió Física y obtuvo un doctorado en ingeniería de sistemas de potencia para naves espaciales, y trabajó en la industria espacial británica como ingeniera de sistemas en proyectos como ExoMars y SMILE. Pero su primera puerta de entrada al sector fue una experiencia en el Centro Espacial Nacional, cuando el lugar todavía estaba reuniendo piezas y objetos para su inauguración.
Claire Parfitt lidera un equipo que planifica la futura exploración de Marte. Foto: Claire Parfitt
Entre los elementos que llegaron a sus instalaciones había un inodoro espacial, que nunca había visto antes, y ayudó a desempaquetarlo. "Era simplemente una pieza de tecnología inusual que se usa en misiones espaciales, así que fue muy interesante verla", explicó. La tarea también implicó trabajos de conservación y limpieza, pero la científica no recuerda aquel momento como una experiencia desagradable o rutinaria: para ella, era la oportunidad de observar de cerca una pieza de tecnología diseñada específicamente para las condiciones de los vuelos espaciales.
Durante aquella experiencia también ayudó a desembalar un traje espacial utilizado por Helen Sharman, quien en 1991 se convirtió en la primera persona británica en viajar al espacio. Pero hubo otro elemento que, según Parfitt, tuvo una influencia más profunda: la directora del centro en aquella época era Alex Hall, una mujer que ocupaba un puesto de liderazgo en una institución dedicada a la ciencia espacial. "Ver a alguien en esa posición creo que realmente me ayudó a imaginar mi propia carrera en la industria espacial", recordó.
De ExoMars a la planificación de futuras misiones a Marte
Tras su llegada en 2019 al Centro Europeo de Investigación y Tecnología Espacial (ESTEC) de la ESA en Países Bajos, Parfitt se enfocó en estudios sobre la exploración marciana. Hoy, su rol como Mars Exploration Study Team Lead dentro de la Dirección de Exploración Humana y Robótica de la ESA consiste en preparar conceptos para las próximas etapas de ese camino. En 2025, por ejemplo, participó en los estudios del concepto LightShip, que busca facilitar el acceso a Marte mediante plataformas espaciales de menor coste.
Su trayectoria incluye el rover 'Rosalind Franklin', del programa ExoMars, cuyo lanzamiento está previsto para finales de 2028. La misión buscará posibles señales de vida pasada o presente y estudiará el subsuelo marciano con un taladro capaz de alcanzar hasta dos metros de profundidad, clave porque las moléculas orgánicas pueden conservarse mejor bajo la superficie, protegidas de la radiación ionizante. Una vez en Marte, el rover analizará muestras de la superficie y del subsuelo.
Parfitt también trabajó en SMILE, misión que estudia cómo responde la magnetosfera terrestre al viento solar. Su experiencia, sin embargo, va más allá de misiones concretas: la ESA señala que ha participado en nueve estudios de su Concurrent Design Facility, donde equipos multidisciplinares desarrollan conceptos para futuras misiones, desde pequeños satélites hasta un hábitat para los primeros exploradores humanos de Marte.
La historia de Parfitt comenzó con una solicitud rechazada por la NASA y una experiencia laboral en un centro espacial donde ayudó a desembalar un inodoro. Más de veinte años después, su trabajo consiste en algo mucho más ambicioso: ayudar a diseñar qué misiones podrían llevar a Europa hacia la siguiente etapa de la exploración de Marte. Para ella, ese futuro exige pensar mucho más allá de una sola misión.
"Cuando 'Rosalind Franklin' se lance en 2028, será extremadamente emocionante", afirmó. Pero después de ese momento todavía quedará una larga lista de desafíos, especialmente si Europa quiere prepararse para una futura exploración humana. "Tenemos que planificar cuidadosamente las próximas décadas para asegurarnos de que preservamos Marte y obtenemos los mejores datos científicos posibles para Europa", señaló.
Además, está vinculada al International Mars Exploration Working Group, un foro internacional creado para favorecer la cooperación y coordinación entre los distintos programas de exploración de Marte.
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