Julia Ferrer. Foto: Difusión. La poesía peruana cuenta con una tradición tan vasta que una lista de sus autores más valiosos podría superar el centenar de nombres. Esa riqueza interna, que se mantiene incluso en épocas de crisis, es la que ahora permite redescubrir a una voz que permaneció décadas en las sombras: Julia Ferrer (1925-1995), seudónimo de María Julia Victoria del Solar Bardelli. Su obra acaba de ser reunida en En la orilla de todos los sueños. Poesía reunida (Pesopluma), un libro que todo amante de la poesía peruana debería leer. La publicación presenta una voz peculiar y lejana de todo conservadurismo, según destaca la propia editorial. Para el lector informado, el nombre de Ferrer no resulta del todo desconocido, aunque para muchos pueda ser extraño. Ferrer perteneció a la generación del 50 y, como consigna la poeta Tilsa Otta en el prólogo, fue una mujer muy independiente en una época donde el conservadurismo era estricto con la dimensión de la mujer. Sus poemarios —Imágenes porque sí (1958) y La olvidada lección de cosas olvidadas (1966)— no tuvieron una buena distribución, y a ello se sumaba la modestia de sus ediciones. Esas condiciones la convirtieron en una poeta de culto, leída por poetas y lectores entrenados en cenáculos y círculos cerrados que no permitían que se conociera más de ella al considerar que su poesía era para el consumo de un grupito (como se verá, la “posería” atraviesa generaciones). Su nombre fue, durante décadas, una especie de secreto. Si la poesía siempre ha sido una cosa de minorías, el lugar de Ferrer era hasta periférico dentro de esa dimensión. Ahora, con esta edición de Pesopluma, su voz emerge para ocupar el sitial que le corresponde en la tradición poética peruana. "En la orilla de todos los sueños" (Pesopluma). Precio: 49 soles. Imagen: Difusión.

"En la orilla de todos los sueños" (Pesopluma). Precio: 49 soles. Imagen: Difusión.

Más allá de la leyenda que la rodea, lo que perdura de cualquier artista es su legado, y el de Ferrer sigue siendo fresco. Su poesía, principalmente cuestionadora, revela una mirada conocedora de la vida, con la ironía existencial de Blanca Varela y el arrojo íntimo de María Emilia Cornejo. “Y yo/que todo lo hago realidad/me enredo mucho/con el vaho de los hombres”, escribió. Búsquenla.

Los comentarios que siempre escuché sobre Ferrer como poeta venían acompañados del aura de su leyenda. Era una mujer bella, estudió artes plásticas en Bellas Artes y trabajó muchos años en la sede de la av. Abancay de la Biblioteca Nacional del Perú, con fama de contestataria. Fue amiga de Alejandro Romualdo, Catalina Recavarren y Cecilia Bustamante y, según consigna la editorial, “musa de artistas importantes como Quintanilla, Humareda y Bracamonte”.

Sus poemas fueron compilados por el poeta y académico Paul Guillen, cuyo colofón, “Asomada a mi balcón de agua. Notas sobre la poesía de Julia Ferrer”, deja en claro que este ha sido un trabajo de rescate de años donde ha sido protagonista el azar.

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