En los pocos días que lleva como senador de Juntos por el Perú, Iber Maraví ha dejado de lado las formas, los buenos modales y el respeto a las disposiciones de la autoridad competente. Así lo demuestra su trato con los periodistas parlamentarios que, como en cualquier parte del mundo, solo le piden declaraciones sobre temas de coyuntura e interés público. Pero su actitud no se limita a eso: el 28 de julio último, en la Plaza San Martín, lo vimos desafiando a la Policía Nacional, pasando por encima del cordón de seguridad y mostrando con arrogancia su medalla de parlamentario, como si fuera una “corona” o un salvoconducto para hacer lo que le dé su regalada gana.

Tuvo suerte de que ningún agente le metiera un merecido empujón o un palazo por violar las indicaciones. De haber ocurrido, ya estaría quejándose y gritando que es víctima de un “complot”. Pero, ¿quién es realmente Maraví? Fue ministro de Trabajo y Promoción del Empleo del golpista y ladrón Pedro Castillo, hasta que tuvo que renunciar cuando salió a la luz que documentos de la Policía Nacional de los años 80 lo vinculaban con atentados senderistas en Ayacucho.

Si bien no hay sentencia en su contra, sus presuntos nexos con la banda terrorista y el uso de dinamita contra los peruanos hicieron insostenible su continuidad en un gabinete de por sí plagado de impresentables e ineptos. Este también sindicalista llegó al Congreso soberbio, prepotente y envalentonado, y en lugar de honrar su cargo de padre de la patria, parece empeñado en demostrar que el poder se le subió a la cabeza.

El exministro castillista debería tener claro que al Poder Legislativo se va a trabajar con respeto a las leyes y a las personas, no como si se estuviera en la asamblea de algún sindicato semiclandestino de profesores radicales que solo saben levantar el puño para pedir aumentos de sueldos sin ofrecer nada bueno a los alumnos y al país. Esa es la lección que Maraví no aprendió, y por eso lo hemos visto prepotente y malcriado cuando salió ante los periodistas en defensa del diputado César Tito Rojas, fundador del Movadef, grupo de fachada de Sendero Luminoso, como representante de Juntos por el Perú en la Comisión de Ética de la Cámara Baja. Tampoco tuvo reparos en justificar la injustificable presencia, incluso de noche, de congresistas en el penal de Barbadillo, que se ha convertido en un local de campaña del partido que reivindica al golpista chotano. Si por el bien del Perú, Roberto Sánchez no fue elegido presidente, su tránsito por las pasadas elecciones nos ha dejado a gente lamentable en el Congreso como Maraví, Tito y otros, tal como quedó en evidencia tras el primer escándalo en la Plaza San Martín.

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