El reciente terremoto de magnitud 7,4 en Colombia y el derrumbe de varias edificaciones han vuelto a poner sobre la mesa una interrogante clave para un país sísmico como el Perú: ¿por qué unas viviendas aguantan un movimiento fuerte y otras terminan con daños graves o se desploman?
La explicación no depende de un único aspecto, sino de la combinación de tres elementos, según Miguel Estrada, decano de la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y exministro de Vivienda. El primero es el suelo donde se levanta la casa; el segundo, la calidad de la construcción; y el tercero, las características propias del sismo.
En diálogo con Canal N, Estrada precisó que el terreno puede alterar la manera en que las ondas sísmicas impactan una zona. Los suelos blandos tienen la capacidad de amplificar esas ondas y extender el movimiento, lo que eleva el nivel de peligro para las construcciones que están encima. Esa es la razón por la que el tipo de suelo es el punto de partida para evaluar la vulnerabilidad de una vivienda.
Los terrenos arenosos, en tanto, merecen una atención especial. En ese grupo aparece Lomo de Corvina, en Villa El Salvador, un sector que el especialista ha señalado antes entre los de mayor riesgo en Lima ante un terremoto de gran magnitud. En estos suelos puede presentarse el fenómeno de la licuación: cuando el terreno está saturado de agua, pierde resistencia y rigidez durante el movimiento telúrico y llega a comportarse de forma temporal como un líquido.
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2. Cómo fue construida la vivienda puede definir los daños
El segundo factor está vinculado a las características de la edificación. Estrada advirtió que una parte importante de las viviendas de Lima ha sido levantada mediante autoconstrucción o procesos informales, sin la supervisión técnica necesaria, lo que incrementa la vulnerabilidad ante movimientos de gran intensidad. La resistencia de una vivienda no depende únicamente de que sus paredes parezcan sólidas: el diseño estructural, los materiales utilizados, la cimentación y su adecuación a las características del terreno son determinantes para su comportamiento durante un terremoto. Incluso una construcción que inicialmente fue diseñada para cierta cantidad de pisos puede aumentar su vulnerabilidad si posteriormente se realizan ampliaciones sin una evaluación estructural.
3. Profundidad y ubicación del sismo también influyen
El tercer elemento corresponde a las características del propio movimiento sísmico. Factores como la ubicación del epicentro, la profundidad y la distancia respecto de las zonas habitadas influyen en la intensidad del movimiento que experimentan las edificaciones. En ese sentido, Estrada explicó que los sismos de menor profundidad pueden generar mayores afectaciones en determinadas circunstancias, debido a que la energía liberada recorre una distancia menor hasta alcanzar la superficie.
En contraste, los suelos rocosos o de grava presentan condiciones diferentes frente a la propagación de las ondas sísmicas, a diferencia de otros terrenos donde este fenómeno puede afectar la estabilidad de las estructuras construidas sobre él. “Entonces, ya sabemos dónde va a haber más o menos movimiento”, explicó el especialista al referirse a las diferencias entre los tipos de terreno.
¿Se puede reforzar una vivienda vulnerable?
Ante un sismo de gran magnitud, las redes de agua y desagüe también podrían verse afectadas, y la presencia de agua en terrenos arenosos puede agravar condiciones que favorecen fenómenos como la licuación del suelo. Por ello, algunas viviendas pueden ser reforzadas para mejorar su comportamiento, pero esto exige una evaluación profesional de la estructura.
Estrada señaló que determinadas edificaciones de Lomo de Corvina podrían ser reforzadas, mientras que otras, por condiciones estructurales muy deficientes, requerirían alternativas distintas. “Cuanto más blando es el suelo, la estructura debe ser más fuerte y, por lo tanto, los costos se elevan”, explicó. Una evaluación realizada por un ingeniero estructural permite identificar problemas en columnas, vigas, muros, cimentaciones y otros componentes antes de decidir la intervención correspondiente.
Lomo de Corvina, una zona vulnerable de Lima
El especialista ya había advertido sobre las condiciones de Lomo de Corvina, en Villa El Salvador, donde se combinan terrenos arenosos y viviendas construidas informalmente. En una entrevista anterior con la Agencia Andina, señaló que las características del suelo constituyen uno de los principales problemas de este sector. Por esta razón, dos terremotos de magnitud similar no necesariamente provocan los mismos efectos sobre las ciudades y viviendas.
“El sismo no mata personas”
Hernando Tavera, jefe del Instituto Geofísico del Perú (IGP), sostiene que las consecuencias de un terremoto dependen en gran medida de qué tan preparada se encuentra una sociedad. “El sismo no mata personas, no destruye ciudades; el sismo es un problema de la naturaleza, el desastre es un problema de la sociedad”, señaló.
La informalidad en la construcción sigue siendo uno de los principales desafíos para reducir la vulnerabilidad del país ante un sismo. Así lo advirtió Catherine Palacios, subdirectora de Preparación del Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci), quien señaló que, aunque el Perú cuenta con una normativa de construcción con características sismorresistentes, “tenemos altos grados de informalidad en la construcción en el país”. El problema es especialmente grave en viviendas levantadas sin asesoramiento técnico o que han sido modificadas posteriormente sin verificar si su estructura puede soportar nuevas cargas.
En esa línea, Hernando Tavera explicó que el riesgo se incrementa cuando las edificaciones no son compatibles con las características del movimiento del suelo. “Si todo lo que construimos no es compatible con el sacudimiento de suelo, va a tener un daño total o parcial y allí se pierde la vida”, advirtió el especialista.
En medio de estas alertas, el II Simulacro Nacional Multipeligro 2026 se realizará este viernes 14 de agosto a las 3:00 p. m. Indeci pidió a la población participar desde el lugar donde se encuentre y aprovechar el ejercicio para identificar sus rutas de evacuación y evaluar cómo respondería ante una emergencia real. La actividad también permite revisar aspectos como las zonas seguras, los puntos de reunión y la capacidad de respuesta de los integrantes de una familia, centro laboral o institución educativa.
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