La plastisfera es el conjunto de microorganismos que viven sobre el plástico y las relaciones que establecen entre ellos y con este material. Aunque estas comunidades se han encontrado principalmente en ambientes acuáticos, especialmente asociadas a microplásticos, también pueden desarrollarse sobre residuos plásticos de mayor tamaño y en tierra firme.
Su formación comienza cuando determinados microorganismos se adhieren a la superficie del plástico y crean biofilms, comunidades microbianas organizadas que facilitan la llegada de otros organismos. La microbióloga Linda Amaral-Zettler, una de las investigadoras que dio nombre a este ecosistema, explica que "los microbios capaces de generar biofilms son los pioneros, pero la variedad de organismos que se establecen después en el plástico es asombrosa".
Una de las características del plástico que favorece la formación de estas comunidades es que repele el agua, una propiedad que facilita que determinados microorganismos puedan adherirse a su superficie. Este fenómeno ya ha sido observado en lugares tan diferentes como la Antártida, las aguas de Barcelona y la Ciénaga Grande de Santa Marta, en Colombia, donde un estudio identificó 1.760 géneros de bacterias asociados a microplásticos.
Investigaciones revelan que estos microorganismos, como las bacterias del género Vibrio, pueden usarse como autostopistas del plástico, dispersándose a zonas no contaminadas.
Pere Monràs i Riera resume esta transformación al afirmar: "La plastisfera es un nuevo bioma, un nuevo ecosistema en el planeta, un nuevo nicho a explotar por la vida". El investigador advierte, además, que "solo estamos empezando a entender qué implicaciones tiene", mientras la presencia de plástico continúa ofreciendo nuevos sustratos para la vida microscópica.
Según la científica, actualmente "es imposible conocer todas las especies" que forman parte de estas comunidades. Amaral-Zettler los describe como "auténticos autostopistas del plástico", debido a que pueden utilizar estos residuos como medio de dispersión entre distintos ecosistemas.
El principal riesgo está relacionado con la capacidad del plástico para transportar microorganismos hacia lugares donde normalmente tendrían dificultades para desplazarse. En zonas próximas a la actividad humana, las investigaciones han detectado comunidades que pueden incluir bacterias patógenas y genes de resistencia a los antibióticos.
Los investigadores consideran que la presencia de microorganismos sobre los residuos plásticos va más allá de una simple acumulación de bacterias. Las comunidades establecen relaciones entre sí y con el propio material, creando un entorno en el que pueden incorporarse progresivamente nuevas formas de vida. Así, la plastisfera se perfila como un ecosistema emergente que redefine los límites de la vida en el planeta.
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