El verdadero quiebre no está en que el presupuesto para personal aumente, sino en la velocidad y la magnitud con que lo hace desde 2024. Durante casi veinte años, las planillas representaron entre 20% y 27% del Presupuesto Institucional Modificado (PIM); en 2023 todavía equivalían al 23,9%. Pero en 2024 saltaron al 30,8%, en 2025 alcanzaron 31,8% y para 2026 llegan a 33,6%. Esa comparación con el gasto total revela el cambio estructural: el crecimiento ya no sigue su trayectoria histórica, sino que absorbe una porción cada vez mayor de los recursos públicos.

Los números de la serie lo confirman. Entre 2000 y 2023, las variaciones anuales del gasto en personal se mantuvieron generalmente entre 5% y 18%. En 2024 esa tendencia se rompe con un aumento de 34,8% en un solo año, el mayor salto de toda la serie analizada, y en 2025 vuelve a crecer, consolidando el nuevo rumbo. En perspectiva: en 2007, el presupuesto destinado a Personal y Obligaciones Sociales ascendía a S/15.463 millones; en 2014 alcanzaba S/33.714 millones. En siete años más que se duplicó, pero de forma progresiva a lo largo de varios ejercicios presupuestales, algo muy distinto a lo ocurrido en los últimos dos años.

Que el gasto en personal crezca no es novedad: lo viene haciendo desde hace décadas. La pregunta relevante es cuándo ese crecimiento deja de seguir su trayectoria histórica y comienza a modificar la estructura del gasto. Y la respuesta, según los datos, es clara: desde 2024. Eso no implica que todo incremento sea injustificado; más maestros, policías, médicos o mejores remuneraciones pueden ser necesarios. Pero semejante aceleración exige una explicación extraordinaria sobre sus causas y, especialmente, sobre sus resultados. El problema no es tener un Estado que cueste, sino uno cada vez más costoso sin saber si, en la misma proporción, está funcionando mejor para los peruanos.

Leer artículo completo en diariocorreo.pe →