La crítica situación de EsSalud fue calificada como “una situación de desastre” por el ministro de Trabajo y Promoción del Empleo, Juan Sheput. La razón de ese diagnóstico no es otra que la gestión de los ineptos y corruptos que, durante años, hicieron lo que les dio la gana con la institución, mientras el asegurado —la razón de ser de EsSalud— padece las consecuencias: amaneceres haciendo colas para obtener una cita de consulta u operación programada para tres meses después, o el desembolso de su propio bolsillo para comprar medicinas que, por derecho, debería recibir sin costo alguno.
El botín político en que se convirtió la entidad se hizo más evidente en los últimos años, sobre todo desde el gobierno de Dina Boluarte. Fue así como EsSalud terminó en manos de César Acuña y sus parientes, quienes actuaron a su antojo. Un caso que lo ilustra es el del servicio de alimentación de un hospital de Chiclayo, que estaba a cargo —a través de una tercera persona— de la familia política del dueño de Alianza para el Progreso (APP). Ese episodio, sumado a muchos otros, explica el repudio que Acuña recibió en las urnas en el último proceso electoral.
Frente a este panorama, urge una reingeniería de las áreas administrativas. Direcciones, subdirecciones, jefaturas y jefaturas adjuntas, junto con una sobrepoblación de asesores, configuran un exceso de burocracia que traba los procesos y despilfarra recursos, en medio de la falta de condiciones para que los asegurados reciban un trato digno. La evidencia está en los pasillos de los hospitales, donde pacientes que llegan por emergencia esperan dos o tres días en una camilla o silla de ruedas antes de ser derivados a un cuarto.
La salida de Jaime Moreno de la presidencia de EsSalud, un funcionario que “parecía dispuesto a atornillarse en el cargo por razones que sería bueno conocer”, deja al nuevo gobierno sin excusas. Ya tiene el diagnóstico, por más lamentable que sea, y es momento de actuar y mostrar resultados. Lo que menos necesita el país es una nueva mecida, o que se hagan “cambios” para que todo siga igual.
Mientras tanto, en las diferentes ediciones regionales de Correo seguimos recibiendo denuncias de ciudadanos sobre el indignante drama que padecen cada vez que acuden a los hospitales de la seguridad social. Esto viene de años, pero la indiferencia de los gobiernos ha sido una constante. En el caso de Boluarte, parece que más le importaba tener contento al “aliado” Acuña, para que su bancada sea “generosa” con ella al momento de votar en el Congreso.
Cada día que pase sin soluciones a la altura del reto, más vidas se perderán y más cuadros clínicos se agravarán. El diagnóstico ya está sobre la mesa; ahora falta que las decisiones acompañen la urgencia que reclaman los asegurados.
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