Las imágenes de una joven cantante siendo manoseada por el director musical de una conocida orquesta de cumbia han causado conmoción. Lo más impactante es que, con el paso de los días, más mujeres que vivieron la misma situación en esa agrupación se suman a las denuncias, y hasta ahora solo se sabe de ello.

Este tipo de casos evidencia una realidad que afecta a tres de cada diez personas en el ámbito laboral, cifra que sube a cuatro de cada diez cuando se trata de mujeres. De ellas, apenas el 1% denuncia.

El acoso sexual laboral se define como cualquier conducta de naturaleza sexual no deseada que genera un ambiente hostil, intimidatorio o humillante en el trabajo. Rara vez comienza con una agresión grave; por lo general, se instala mediante una dinámica de tanteo y avance progresivo del acosador, que incluye chistes, bromas de doble sentido y preguntas invasivas sobre la vida privada, relaciones o preferencias sexuales del trabajador.

También hay señales físicas: acercamientos invasivos como abrazos excesivos, roces que se presentan como ‘accidentales’, palmadas, caricias y miradas lascivas. Otra alerta son los chantajes y amenazas veladas, cuando el hostigador sugiere o exige favores sexuales a cambio de un ascenso, aumento, contrato o para evitar un despido.

Pese a estas situaciones, pocas mujeres denuncian, generalmente por miedo a represalias como perder el empleo o a que no las tomen en cuenta. Lo que muchas ignoran es que, al ceder, el problema escala hacia escenarios mucho más dañinos para ellas.

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