La sensación de que el corazón se acelera, aletea o se salta un latido puede resultar alarmante, y en muchos casos responde a una arritmia, un término que agrupa las alteraciones en la frecuencia o el ritmo cardíaco. Según la doctora Divya Korpu, especialista en Medicina Cardiovascular del Sistema de Salud de Mayo Clinic en Eau Claire, Wisconsin, estas condiciones pueden provocar que el corazón lata demasiado rápido, demasiado lento o de forma irregular.

Cuando un latido anómalo interrumpe el ritmo habitual, aparecen las palpitaciones: latidos rápidos, aleteos o la impresión de que el corazón omite algún latido. En personas jóvenes, generalmente entre los 20 y 50 años, la frecuencia cardíaca puede elevarse súbitamente desde valores normales hasta alcanzar entre 180 y 200 latidos por minuto, señala la especialista. Estos episodios pueden venir acompañados de mareos, ansiedad, inestabilidad e incluso desmayos.

Los latidos anormales pueden tener distintos orígenes dentro del corazón. Están las extrasístoles auriculares (PAC), que proceden de las aurículas, y las extrasístoles ventriculares (PVC), que comienzan en los ventrículos. Korpu indica que, aunque las PAC y PVC generalmente no son peligrosas ni potencialmente mortales, cada caso debe valorarse de manera individual en su contexto clínico.

¿Qué puede provocar latidos rápidos o irregulares?

Los circuitos eléctricos anómalos presentes desde el nacimiento, los trastornos de la tiroides y los cambios hormonales vinculados al embarazo o la menopausia figuran entre los factores que pueden desencadenar alteraciones del ritmo cardíaco. A esa lista se suman hábitos como el consumo excesivo de cafeína o alcohol.

Cuando los episodios son poco frecuentes y no afectan las actividades cotidianas, podrían no requerir intervenciones específicas. En cambio, si las molestias persisten o interfieren con la vida diaria, se necesita una evaluación para definir el tratamiento adecuado.

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Fibrilación auricular: una arritmia más frecuente con la edad

En los adultos mayores, la fibrilación auricular (FA) es una de las alteraciones rápidas del ritmo más habituales, aunque también puede presentarse el flutter auricular; la frecuencia de ambos trastornos se incrementa con la edad. La FA puede provocar latidos irregulares, palpitaciones, molestias en el pecho, mareos, fatiga y, en ciertos casos, desmayos, pero hay pacientes asintomáticos que reciben el diagnóstico recién en un control médico.

La apnea del sueño no tratada, las alteraciones tiroideas, los cambios hormonales y el consumo elevado de alcohol figuran entre los factores asociados a esta arritmia.

¿Por qué la fibrilación auricular requiere atención?

Una de las complicaciones más graves vinculadas a la fibrilación auricular es el riesgo de accidente cerebrovascular.

Si la sangre se estanca en ciertas zonas del corazón durante una arritmia, pueden formarse coágulos que, al desplazarse hacia el cerebro, provocan un accidente cerebrovascular. Por eso, el médico evalúa el riesgo individual de cada paciente para decidir si necesita tratamiento anticoagulante, una indicación que depende de sus características clínicas.

En cuanto al tratamiento de las arritmias, este varía según el tipo de alteración del ritmo, la frecuencia, los síntomas y las condiciones particulares del paciente. En la fibrilación auricular, por ejemplo, se pueden usar medicamentos para controlar la frecuencia o el ritmo cardíaco y, en ciertos casos, una ablación con catéter, un procedimiento mínimamente invasivo con el que los especialistas identifican y tratan las áreas del corazón que originan o mantienen las arritmias.

Entre las técnicas disponibles figuran la radiofrecuencia (basada en calor), la crioablación (con frío) y la ablación por campo pulsado, una alternativa no térmica para determinados pacientes con fibrilación auricular.

Ante episodios de corazón acelerado, latidos omitidos o ritmo irregular, Mayo Clinic recomienda consultar con un profesional de la salud o cardiólogo para determinar si se necesita una evaluación adicional.

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