El escritor peruano Ricardo Sumalavia presenta “Enciclopedias del carnaval”, un libro publicado por el Fondo de Cultura Económica que reúne textos poéticos y colecciones de microrrelatos. En estas páginas, el deseo, los sueños, el duelo, la cultura y lo cotidiano atraviesan sus breves textos, donde el autor encuentra una satisfacción particular: que la literatura no termine en la página, sino que continúe en quien la lee.
“Cuando escribo, no busco dar respuestas. Quizás acompaño al lector a que pueda formularse preguntas o me ayude a mí también a formularme preguntas sobre la vida y decir: ‘En estas circunstancias, ¿y ahora qué?’. Eso es lo que me pregunto yo mismo: ‘¿Y ahora qué?’. Y que el lector me diga”, comenta Sumalavia a Correo.
Esa sensación de querer saber más que dejan sus textos no es casualidad. El autor reconoce que se alejó, aunque no fue consciente, de la forma tradicional de exposición: inicio, nudo y un desenlace redondo. “Puede ser también un desenlace abierto, pero cuya sugerencia es más fácil para el lector, para decir: ‘Ah, tomó el camino A o tomó el camino B y ya me quedó claro’. En mi caso es como si terminara a mitad de camino”, explica.
Esa decisión estética, que fue apareciendo con muchos textos, tiene que ver con su manera de entender el trabajo como un conjunto con el lector. Sobre qué puede encontrar alguien en un texto tan breve, el autor señala que su microrrelato tiene esa forma narrativa, pero el espíritu es bastante poético. “Es una característica del microrrelato en general y quizás de los míos en particular. En algunos se percibe esa poeticidad”, detalla.
Para Sumalavia, la insatisfacción funciona como un motor creativo que lo impulsa a seguir escribiendo. “Me encanta lo que escribo, lo toco, lo leo, me gusta, pero igual siempre hay un grado de insatisfacción y digo: ‘Pero puedo escribir otras cosas. Quiero escribir algo más, hay algo que todavía quiero decir y lo quiero decir de otra manera’”, confiesa. Esa sensación, lejos de paralizarlo, resulta estimulante y creativa, y le permite continuar. En cuanto a la escritura breve, el autor considera que no se trata de demostrar inteligencia ni conocimiento, sino de “aprender a descubrir la belleza en lo cotidiano” y volver a mirar el mundo. En una época de ritmos acelerados, señala que se pierden de vista muchas cosas que pueden causar felicidad o dolor; incluso se deja de ver ese dolor porque se prefiere mirar hacia adelante y no hacia el costado. La escritura, sostiene, permite sensibilizarse y ver las cosas —y a uno mismo— de otra manera.
Respecto a la creación literaria en un contexto donde todo parece inmediato, Sumalavia reconoce que vivimos una época en la que es mucho más rápida la posibilidad de transmitir y comunicar lo que uno está haciendo, mostrando los primeros pasos. No sabe si eso sea bueno o malo, porque forma parte de los cambios: “Nada es permanente, todo está en constante cambio”. Si ahora se vive un momento en el que uno se expone cada vez más, se toma un selfie y se publica desde esa exposición inmediata, ¿por qué no pasar luego al texto? Sobre el microrrelato como puerta de entrada a la lectura para los jóvenes, el escritor cree que sí puede serlo, aunque advierte que así como hay textos de rápida interpretación y respuesta emotiva, también existen otros mucho más complejos y elaborados.
La literatura y las artes se mantienen vivas porque nuestra vida resulta insuficiente, sostiene Ricardo Sumalavia. Con lo que vivimos no nos damos abasto y con lo que podemos decir no nos es suficiente, por lo que se requieren otras vías que superen el lenguaje cotidiano para expresar lo que llevamos dentro.
El autor, nacido en Lima en 1968, es doctor en Letras por la Universidad de Burdeos y residió en Corea del Sur y Francia. En la PUCP fue responsable de la Colección Underwood y de la Colección Orientalia, y actualmente dirige el Centro de Estudios Orientales de esa casa de estudios. Su novela Historia de un brazo (2019) ha sido traducida a más de cinco idiomas. Entre sus obras previas figuran el libro de cuentos Habitaciones (1993) y la novela Que la tierra te sea breve (2008).
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