La inteligencia artificial generativa (GenAI) podría desbloquear entre 50 mil y 70 mil millones de dólares en ingresos adicionales para la industria aseguradora, con mayor impacto en marketing y ventas, operaciones con clientes e ingeniería de software. Así lo señala McKinsey en su más reciente análisis del sector, donde advierte que el ecosistema asegurador está maduro para una disrupción tecnológica que no necesariamente eliminará a los actores tradicionales, pero sí redefinirá su desempeño y la lógica de creación de valor.

La GenAI comienza a redefinir tareas documentales como emisión de pólizas y gestión de siniestros.  (Foto: tondone/iStock)

Para los inversionistas privados, el momento resulta particularmente relevante. A pesar de una desaceleración general en el flujo de transacciones durante el 2025, el interés por el sector se ha mantenido gracias a su desempeño consistente. En el segmento de brokers —que concentra alrededor de 70% del número de operaciones— la actividad cayó cerca de 20% interanual en un mercado más selectivo, mientras que los managing general agents representan aproximadamente 5% del flujo.

En este entorno, los patrocinadores priorizan la creación de valor operativo y superan a sus pares en dos a tres puntos porcentuales de tasa interna de retorno. La clave, según la consultora, es no quedarse estáticos: capturar este potencial se convierte en un imperativo estratégico, especialmente cuando la GenAI comienza a redefinir tareas documentales como la emisión de pólizas y la gestión de siniestros.

La escalera de la IA permite entender esta evolución: la analítica predictiva ya está consolidada en detección de fraude, pricing y modelación de riesgos, mientras que la GenAI comienza a redefinir tareas documentales como emisión de pólizas y gestión de siniestros. En el horizonte emerge la IA agentica, capaz de gestionar flujos de trabajo de extremo a extremo. La velocidad con la que cada activo ascienda por esa escalera definirá su ventaja competitiva.

En el caso de los managing general agents (MGA), el laboratorio más dinámico del sector, la IA acelera la suscripción, personaliza la evaluación de riesgos y permite cotizaciones en horas en lugar de días. Las primas canalizadas a través de estos agentes crecieron en Estados Unidos alrededor de 14% anual en la última década, y las primas directas casi se duplicaron entre 2020 y 2024, al pasar de 47 mil a 97 mil millones de dólares. Las herramientas de ingeniería de riesgos han reducido los tiempos de cotización de más de un mes a pocos días. Los MGAs que combinan propiedad de datos, relaciones sólidas y adopción avanzada de IA se posicionan como nodos indispensables del ecosistema.

En los brokers, la tecnología potencia la siguiente fase de creación de valor mediante la integración vertical, el placement habilitado por tecnología y el uso de datos para asesoría consultiva. Estas herramientas automatizan la ingestión de solicitudes, empatan apetitos de aseguradoras y facilitan renovaciones y ventas cruzadas. La aplicación sistemática de IA ha reducido la rotación de clientes en más de 50% en ciertos casos, gracias a mensajes personalizados enviados en el momento adecuado. Lejos de sustituir al productor, la IA amplifica su capacidad, eleva márgenes y fortalece la propuesta de valor para atraer talento.

La industria de seguros está lista para la disrupción

La asimetría entre quienes integren data, tecnología y talento con visión estratégica y quienes se limiten a mejoras incrementales será el campo de batalla donde la IA cree ventajas y desventajas. Esa brecha, precisamente, es la oportunidad que el capital privado debe aprovechar para liderar la próxima década del seguro. La expansión de la inteligencia artificial, en ese sentido, es una gran noticia para el sector.

El desafío para los inversionistas, sin embargo, es triple: identificar activos que avancen con decisión en la escalera de IA, institucionalizar playbooks que integren la tecnología en todo el ciclo de inversión y anticipar la transformación de los modelos de talento en una industria donde más de la mitad de las horas de trabajo podrían automatizarse con las tecnologías actuales. La revolución, cabe precisar, no implicará una ruptura del modelo tradicional, sino una reconfiguración gradual de la creación de valor en cada eslabón de la cadena.

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Escribe: Salomón Spak, líder de la práctica de seguros para Sudamérica en McKinsey & Company

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