Han pasado más de cuatro años desde el fin de la pandemia de COVID-19 y, sin embargo, el Congreso mantiene una modalidad de trabajo virtual que se creó para esa emergencia. Esa situación no puede postergarse por más tiempo: el retorno a la presencialidad absoluta y obligatoria, tanto en las sesiones del pleno como en el trabajo de comisiones, es una necesidad impostergable para los senadores y diputados.
La diputada Indira Huilca (Ahora Nación) presentó una propuesta para eliminar la virtualidad, iniciativa que debería contar con el respaldo de todas las bancadas. El objetivo es cerrar la oscura etapa que se vio en el Congreso que acaba de terminar funciones, donde los legisladores votaban desde sus casas o la playa, mientras veían fútbol, o sin saber ni qué asunto se estaba tratando.
El senador Alejandro Aguinaga (Fuerza Popular) ha señalado, además, que la presencialidad permite que al término de las sesiones y votaciones los legisladores den la cara ante la prensa y expliquen a la opinión pública sus posturas en los debates y el sentido de sus votos. Esa rendición de cuentas se ha perdido en los últimos años, pues la virtualidad pasó a ser la norma y no la excepción.
En un Poder Legislativo muy venido a menos por lo visto en años anteriores, insistir en no acudir presencialmente a las sesiones del pleno y las comisiones resulta un tiro a los pies. Vayan a trabajar, que para eso los han elegido y para eso se les paga.
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