La historia demuestra que el sur del país también debe estar en la mira de las autoridades cuando se anuncia un Fenómeno El Niño de gran magnitud como el que se espera para los próximos meses. Aunque la atención suele concentrarse en la costa norte, entre Tumbes y La Libertad, Ica es un ejemplo de lo que puede ocurrir: en enero de 1998, una prolongada lluvia provocó el desborde del río y gran parte de la ciudad, incluida su plaza de armas, quedó cubierta de lodo y agua.
El 29 de enero de ese año, en pleno auge de un Niño descomunal que casi colapsa el país, el río Ica se salió a la altura de los puentes Grau y Socorro, con un caudal que alcanzó niveles nunca antes vistos. Las cifras oficiales registraron 4 mil 300 viviendas destruidas, 6 mil afectadas y 4 mil 500 semidestruidas. Además, miles de hectáreas de algodón, uva y espárragos fueron arrasadas, lo que dejó sin empleo a cientos de personas, y todo ello ocurrió antes del boom agroexportador. Los daños totales se estimaron en 700 millones de soles, una cifra que hoy sería mucho mayor.
El reportero Iván Slocovich Pardo estuvo allí y recuerda que la urbanización Los Viñedos de Santa María terminó bajo el agua. Los policías de la Unidad de Salvataje recorrían las calles en botes de goma para rescatar a la gente atrapada en los techos, mientras el centro de la ciudad permanecía cubierto por agua y lodo. Solo se salvó el sector ubicado al lado derecho (oeste) de la Panamericana Sur.
La Panamericana Sur, que conecta Lima con todo el sur del país por vía terrestre, es otro punto crítico que exige atención en Ica y el sur de la capital, incluso desde Lurín y Punta Hermosa. Basta la salida de un río o la activación de una quebrada que la cruza para que el paso quede interrumpido, como quedó demostrado en los eventos climáticos de 2017 y 2023, cuando se evidenció la vulnerabilidad de esta arteria vital para la atención de emergencias y el tránsito de personas y mercancías.
Ica también merece especial atención ante lo que se viene en los próximos meses, según lo visto en los últimos años. Si bien gran parte de las ciudades de la región se ubican en medio de un desierto, las lluvias por encima de lo normal, el crecimiento de los ríos y el despertar de las quebradas —tal como se prevé— pueden golpear de forma brutal a la población y a la economía local. Aunque quedan pocos meses, todavía se puede hacer mucho por quienes están en riesgo, siempre que exista interés y voluntad política.
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