La antigua mina de lignito de As Pontes, en Galicia, dejó de ser un paisaje devastado por la minería para convertirse en uno de los mayores lagos artificiales de España. El gigantesco hueco de casi 300 metros de profundidad, abierto durante décadas por la extracción de carbón, fue llenado con millones de litros de agua y hoy alberga humedales, bosques, praderas y actividades recreativas.
El proyecto de recuperación ambiental, documentado en un estudio científico, comenzó en 2008 y culminó el 18 de abril de 2012. En poco más de cuatro años, el vacío dejado por la explotación del mineral quedó ocupado por agua, dando paso a un nuevo ecosistema en la zona.
Una mina que transformó el paisaje
La historia de esta transformación se remonta a la década de 1940, cuando se inició la explotación del yacimiento de lignito ubicado junto a As Pontes. Este tipo de carbón, también llamado carbón pardo, posee un menor contenido energético que otras variedades más duras, por lo que las centrales eléctricas requieren mayores cantidades para generar una determinada producción de electricidad. La actividad minera alteró por completo el paisaje gallego durante décadas, hasta que el cierre de las operaciones permitió iniciar el ambicioso plan de inundación que dio origen al lago artificial.
La antigua mina de As Pontes, la mayor explotación de lignito a cielo abierto de España, se convirtió en un lago artificial en apenas cuatro años. El proceso de llenado comenzó en 2008, con la entrada controlada de agua superficial, y tuvo como objetivo recuperar progresivamente el espacio que la minería había ocupado durante décadas.
El hueco que dejó la explotación tenía una capacidad aproximada de 547 hectómetros cúbicos, cifra que equivale a unos 547 millones de metros cúbicos o, expresada en litros, a 547.000 millones. Pero transformar aquella gigantesca excavación en un lago requirió mucho más que simplemente dejar entrar agua: los ingenieros tuvieron que estudiar de dónde procedería el agua, cómo aumentaría su nivel y qué efectos tendría el proceso sobre las características químicas del futuro lago.
La mina, explotada a cielo abierto, alcanzó dimensiones extraordinarias. A lo largo de décadas se extrajeron alrededor de 260 millones de toneladas de lignito, mientras enormes cantidades de tierra y roca eran retiradas para acceder al combustible. En 1972, Endesa pasó a controlar la mina y la central térmica asociada, y durante años el complejo se convirtió en una de las principales instalaciones de generación eléctrica de España.
La extracción de lignito terminó a finales de 2007, pero el cierre de la mina no significó el abandono del enorme hueco. La antigua explotación pasó a formar parte de un ambicioso proyecto de recuperación ambiental que culminó con la creación del lago.
Vista aérea del lago As Pontes. Foto: Turismo As Pontes
La antigua mina de As Pontes, fue la mayor explotación de lignito a cielo abierto de España. Foto: Edcreativo
Las investigaciones científicas realizadas durante y después del llenado revelaron que el nuevo lago no se comportó como una masa de agua uniforme: en sus distintas profundidades se identificó una marcada estratificación química, con aguas de características diferentes. Esa separación, vinculada al origen del agua, su composición mineral y las condiciones físicas del embalse, impide que todas las capas se mezclen por igual. Los expertos detectaron además una zona de transición denominada quimioclina, que separa las aguas con distinta química, y comprobaron que las condiciones de las capas profundas difieren considerablemente de las de la superficie. El seguimiento científico de esta evolución resultó clave para anticipar el comportamiento a largo plazo de un lago creado sobre una antigua explotación minera.
El proceso de inundación concluyó el 18 de abril de 2012. En poco más de cuatro años, una de las mayores minas a cielo abierto de España pasó de ser una enorme excavación a convertirse en una masa de agua de varios kilómetros cuadrados. Hoy, el lago de As Pontes ocupa unas 865 hectáreas, equivalentes a unos 8,6 kilómetros cuadrados.
En su entorno se desarrolló un nuevo paisaje con praderas, matorrales, zonas boscosas y humedales. El cambio fue especialmente visible en las laderas que rodean el antiguo hueco minero: áreas que durante décadas estuvieron ligadas a la extracción de carbón fueron recuperadas y transformadas en espacios naturales. El caso se convirtió así en un ejemplo de recuperación de un paisaje industrial mediante un proceso planificado y, a la vez, en un laboratorio natural para estudiar la evolución de un lago minero de enormes dimensiones.
El antiguo hueco de la mina de As Pontes, que durante décadas representó el impacto de la extracción de lignito, pasó a convertirse en uno de los ejemplos más llamativos de recuperación ambiental de una explotación minera en España. Donde antes hubo maquinaria, excavaciones y enormes cantidades de roca removida, ahora existe un lago artificial de cientos de hectáreas, y el entorno adquirió un uso recreativo: en la actualidad se practican kayak y piragüismo, mientras que los alrededores cuentan con senderos y espacios para disfrutar del paisaje.
La transformación muestra hasta qué punto un paisaje profundamente alterado por la minería puede cambiar después del cierre de una explotación. El proyecto no borró la historia minera de la zona, pero convirtió una de sus mayores huellas físicas en un nuevo paisaje, demostrando que la huella de la extracción puede dar paso a un entorno natural y recreativo.
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