Los científicos ahora se dedican a estudiar el impacto de estos residuos en la vida marina.

Los expertos investigan que ocurrió con los barriles vertidos en el mar entre 1970 y 1980. Foto: Campagne NODSSUM, CNRS, Flotte océanographique française Foto del autor

Más de 200.000 barriles con residuos radiactivos fueron depositados en el Atlántico nororiental durante la segunda mitad del siglo XX. Ahora, una expedición científica permitió observarlos de cerca: cientos de esos antiguos contenedores, algunos en avanzado estado de corrosión, reposan a casi 4.700 metros bajo la superficie, y parte de su material ya salió al exterior y alcanzó el sedimento del fondo oceánico.

En la zona, los investigadores detectaron radionúclidos asociados con estos desechos en concentraciones superiores a las habituales. Pese a ello, las mediciones todavía no permiten establecer un daño ecológico concreto. La incógnita ahora es determinar qué ocurrió con el contenido de los barriles y si los organismos de las profundidades incorporaron sustancias radiactivas, en el marco del estudio sobre el impacto de estos residuos en la vida marina.

Uno de los bidones de residuos radiactivos muestra una degradación significativa y un derrame de material en el lecho marino circundante. Foto: ENS

Uno de los bidones de residuos radiactivos muestra una degradación significativa y un derrame de material en el lecho marino circundante. Foto: ENS

Una inspección de barriles a casi 4.700 metros de profundidad

Las imágenes captadas durante las inmersiones mostraron recipientes muy deteriorados y evidencias de material que salió de algunos barriles. El cobalto-60 y el niobio-94 resultaron especialmente útiles como indicadores de los residuos, mientras que también aparecieron cesio-137 y americio-241. El problema consiste en determinar el origen exacto de cada radionúclido, ya que el cesio-137 y el americio-241 también pueden proceder de pruebas de armas nucleares y accidentes nucleares. De hecho, muestras obtenidas lejos de los barriles en 2025 ya habían revelado trazas radiactivas, en particular de americio-241.

La investigación se desarrolló entre el 27 de mayo y el 28 de junio de 2026 a bordo del buque oceanográfico Pourquoi Pas?, que transportó a unos 30 científicos. El sumergible tripulado Nautile realizó 20 inmersiones por debajo de los 4.700 metros y permitió examinar directamente los recipientes y los ecosistemas próximos. La campaña reunió a equipos franceses y colaboradores nacionales e internacionales.

Mapa de barriles identificados y áreas cartografiadas por el vehículo submarino autónomo (AUV) UlyX. Foto: Flotte océanographique française

Mapa de barriles identificados y áreas cartografiadas por el vehículo submarino autónomo (AUV) UlyX. Foto: Flotte océanographique française

En estas llanuras abisales, lejos de la luz solar, existen comunidades de microorganismos, peces e invertebrados. Para conocer mejor la distribución de los residuos, una expedición anterior utilizó el robot autónomo Ulyx, que localizó 3.355 contenedores y obtuvo 345 muestras de sedimento, 5.000 litros de agua y 34 ejemplares de peces y crustáceos.

Entre los responsables científicos del proyecto figuran Patrick Chardon, de la Universidad Clermont Auvergne, y Javier Escartín, de la Escuela Normal Superior de París. Antes de las inmersiones, Escartín planteó la cuestión central: «¿Los radionúclidos han escapado de los barriles y, si es así, en qué forma?». La expedición confirmó que parte del material salió de los recipientes.

Los investigadores desconocen el impacto sobre la vida marina. Anémonas, esponjas, cangrejos y otras especies ocupan algunos barriles y sus alrededores. Se recogieron sedimentos, agua, organismos y comunidades microbianas próximas a los contenedores, y también se estudiaron hábitats rocosos cercanos para comparar las comunidades naturales con aquellas que viven junto a los residuos.

Los análisis de laboratorio deberán establecer la concentración y procedencia de los radionúclidos, además de determinar su desplazamiento por el agua y el sedimento. Otro objetivo consiste en saber si los organismos marinos absorben estas sustancias en cantidades relevantes.

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