Un equipo de investigadores finlandeses del Centro de Investigación Técnica VTT ha logrado un avance clave en la producción de biomateriales: una lámina textil de varios metros fabricada con micelio de hongos, con la que ya confeccionaron un bolso funcional. El desarrollo, presentado por la Sociedad Química Estadounidense (ACS) y documentado en la revista ACS Applied Bio Materials, ofrece una alternativa sostenible al cuero tradicional, sin pieles de origen animal ni plásticos derivados del petróleo.
La innovación supera una barrera histórica en este campo: la producción continua. En lugar de los métodos convencionales sobre bandejas, los científicos introdujeron el microorganismo Trichoderma reesei, cuya trama vegetativa fúngica es la base del material, en un fluido nutricional dentro de tanques de fermentación industrial. El procedimiento genera una sustancia fibrosa semejante a la pulpa, según detalla el estudio.
El nuevo tejido, flexible y biodegradable, se perfila como una opción ideal para calzado y accesorios de alto uso. No obstante, el prototipo aún afrontará ensayos adicionales antes de su llegada comercial al mercado. La capacidad de fabricar el material a gran escala, con propiedades de resistencia comparables a las del cuero convencional, marca un punto de inflexión en la industria textil sostenible.
El micelio de Trichoderma reesei se cultiva en condiciones controladas dentro de los tanques, lo que permite obtener láminas de gran tamaño en un proceso continuo. Esta metodología, que reemplaza el cultivo estático en bandejas, acelera la producción y acerca el biomaterial a una aplicación industrial real. Según los investigadores, el material podría desaparecer en el ambiente en aproximadamente seis semanas al final de su vida útil, un atributo que lo diferencia de los plásticos sintéticos.
La viabilidad del proceso a gran escala fue comprobada con un sistema de rodillos similar al de las papeleras, con el que se fabricaron tiras de 20 centímetros de ancho por 8 metros de longitud. Los ensayos de resistencia a la tracción arrojaron valores cercanos a los del cuero animal, aunque el material todavía necesita mejorar su tolerancia al rasgado. “Nuestro trabajo ha resuelto un obstáculo importante, permitiendo la producción a gran escala de tejidos asequibles a base de micelio”, señaló el coautor Manuel Arias-Barrantes a la ACS.
Para llegar a esa lámina, el equipo partió de la recolección y lavado de la biomasa fúngica. Luego añadió sorbitol y celulosa, componentes que optimizan la flexibilidad y fortaleza del compuesto. La mezcla se extendió en capas finas y se sometió a un secado hasta formar una lámina no tejida con propiedades comparables a la piel convencional. La técnica permite, además, modificar tonalidades, integrar relieves e incluso unir el material sobre algodón.
En cuanto a su ciclo de vida, las muestras biológicas se descomponen por completo tras mes y medio de compostaje industrial —con parámetros fijos de temperatura, humedad y microbios— o en 28 días dentro de agua. Esa rapidez de degradación, no obstante, no implica que los objetos fabricados con esta materia prima vayan a desaparecer durante su uso cotidiano ni en un vertedero convencional.
El reto técnico más grande pasa por equilibrar la biodegradabilidad con una durabilidad óptima: antes de llegar al mercado, los artículos deben superar exigentes pruebas de abrasión, pliegues, envejecimiento y rasgaduras. La meta final es ofrecer una alternativa funcional que sustituya al plástico sin permanecer siglos en el planeta. Al culminar el ciclo operativo del producto, aparece el beneficio ambiental, reduciendo la acumulación de desechos sintéticos derivados del PVC. Esta estructura fúngica se presenta como un recurso renovable adaptable a procesos de fermentación y a la maquinaria papelera. El centro tecnológico VTT añade que "este sistema también podría disminuir los recortes gracias a la elaboración continua en rollos".
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