El eventual pedido de facultades legislativas del Ejecutivo puso sobre la mesa la posibilidad de eliminar algunos feriados, lo que generó un intenso debate en los últimos días. La presidenta Keiko Fujimori aclaró luego que el tema no forma parte de la agenda del Gobierno, pero ello no debería impedir una discusión técnica. Por el contrario, conversemos sobre los feriados.
Hoy el Perú tiene 16 feriados nacionales, una cifra muy por encima de la mayoría de países de América Latina y de economías desarrolladas. Entre 2015 y 2020 eran 12, y desde entonces se sumaron cuatro: las batallas de Junín y Ayacucho, el Día de la Bandera y el Día de la Fuerza Aérea. La pregunta es sencilla: ¿se evaluó su costo-beneficio?
Según estimaciones del BCRP, un feriado adicional implica pérdidas de al menos 0.04 puntos porcentuales del PBI. Si bien sectores como alojamiento y restaurantes se benefician, otros —comercio, servicios y construcción— registran pérdidas. Además, muchas actividades no pueden detenerse y deben asumir sobrecostos laborales de hasta tres veces la remuneración diaria.
Esto cobra mayor relevancia si consideramos que, según el BID, el Perú ya enfrenta uno de los costos laborales no salariales más altos de la región: contratar formalmente a un trabajador implica desembolsar un 71.7% adicional a su remuneración. A ello se suman 30 días de vacaciones pagadas, frente a un promedio regional de 19. Evaluemos, con evidencia, la permanencia de algunos feriados. Incluso valdría discutir mecanismos, como en Chile o Colombia, que trasladan determinados feriados al lunes o viernes más próximo, preservando las principales festividades nacionales y religiosas. Conversemos.
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