Mientras Bettsy Chávez celebra con tequila su asilo en México, adonde llegó volando a la medianoche del jueves con el salvoconducto que le otorgó el gobierno de Keiko, en el país azteca no todos están contentos. La izquierda peruana festeja y la presidenta Claudia Sheinbaum también, por su continuo respaldo al golpista Pedro Castillo, pero los mexicanos cuestionan los gastos que generan estas movidas ideológicas. Para traer a la exministra, condenada a 11 años de cárcel por el fallido golpe de Estado del 2022, se envió a Perú un avión militar, y la manutención de la prófuga la asume México, que se está acostumbrando a cobijar perseguidos por la justicia de otros países, siempre que sean de izquierda.
Con la partida de Chávez, todo es bonito con el restablecimiento de relaciones diplomáticas, pero México sigue exigiendo visa a los peruanos. Esa medida inamistosa la impuso el viejito vengativo Andrés López, que apoyaba a Castillo tras el golpe, y Sheinbaum no la anula. Perú no debe aceptar matonerías, sino pasamos por débiles.
En otro frente, la suerte no acompaña al exfujimorista Joaquín Ramírez, nueva pareja de la tiktokera Sheyla Rojas. El Jurado Electoral Especial de Cajamarca lo excluyó como candidato a gobernador regional por no declarar una sentencia condenatoria en su contra, aunque puede apelar. Parece que ‘Shey Shey’ no le está dando buena fortuna.
¿Harán cambios?
Mientras tanto, el gobierno ya movió una pieza clave: renovó el Directorio de Petroperú y colocó al frente a Oliver Stark, un técnico al que se considera capaz y con carácter. La promesa oficial es que no privatizarán a este ‘elefante blanco’ que le cuesta al país miles de millones de dólares al año. Sin embargo, lo que se necesita es una reorganización a fondo, una tarea titánica. La incógnita es si realmente están dispuestos a ejecutar los cambios que la empresa requiere. Ya lo veremos…
En otro plano, la política peruana sigue dando espectáculo. Personajes que durante el gobierno de Castillo pateaban latas o estuvieron a punto de caer presos por actividades ilícitas, hoy ocupan curules en el Congreso gracias a sus vínculos con el expresidente. Perciben sueldos que jamás imaginaron y cuentan con custodia policial, mientras la prensa les acerca micrófonos para recoger sus despropósitos. ¿Qué efectos produce esa metamorfosis en la psicología de estos personajes? Esa es la pregunta que queda flotando.
Betssy Chávez ya está en México: salió del Perú tras recibir salvoconducto del Gobierno de Keiko
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