Mientras almorzaba unas milanesas de pollo con arroz graneado, papitas fritas, ensalada con vinagreta, rocotito y una manzanilla, mi amigo Gary, el fotógrafo, soltó la noticia que me dejó helado: Betssy Chávez, la condenada a más de once años de prisión por su participación en el fallido golpe de Estado de Pedro Castillo, logró salirse con la suya y voló a México. “Así evadió a la justicia y se burló de las leyes”, me dijo.

Gary no ocultaba su malestar. Reconoció que algunos expertos sostienen que el Perú estaba obligado por tratados internacionales a otorgarle el salvoconducto, pero cuestionó: “Puede ser, pero entonces quién hace cumplir los fallos judiciales de nuestro país. ¿Es que no valen?”. Para él, Chávez cometió un delito grave que atentaba contra la democracia y afectaría la vida de millones de peruanos, aunque no prosperó porque militares y policías se negaron a obedecer.

El fotógrafo también apuntó contra la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, a quien acusó de “proteger feliz a los izquierdistas del continente que perpetran crímenes” y de haberla recibido “con los brazos abiertos”. “Los mexicanos deben estar avergonzados de que su país sea refugio de sentenciados, a los que además mantienen con sus impuestos”, añadió.

Y recordó que México ya había acogido a Lilia Paredes, esposa de Castillo, quien “vive como una reina sin trabajar”, con vivienda, comida, seguro médico y diez mil dólares mensuales para sus gustitos, presuntamente pagados por el Estado azteca. “Al final, esa es la vida que persiguen nuestros izquierdistas, quienes se llenan la boca repitiendo ‘pueblo, pueblo, pueblo’, pero se desesperan por llevar una existencia de lujos sin trabajar”, sentenció.

Para Gary, Chávez es “un personaje irrelevante en la política peruana que desde el inicio llamó la atención por incapaz, angurrienta y autoritaria”. Cree que quedará en el olvido, pero antes debe pagar por sus delitos. “No se trata de venganza, sino de sentar precedentes. Nadie puede dar un golpe de Estado e irse a hacer turismo como si nada. Permitirlo sería alentar a cualquier personajillo a hacer lo mismo”, concluyó. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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