Con un potencial para reducir hasta 2,5 millones de viajes en auto, el estado de Texas avanza en la planificación de una ambiciosa red ferroviaria que podría transformar la movilidad local y generar miles de millones de dólares en actividad económica. El proyecto, que responde a un aumento demográfico mayor y a una creciente demanda de transporte, contempla conexiones entre ciudades muy importantes del estado.
Sin embargo, el inicio de las obras todavía depende de un acuerdo sobre el trazado occidental en Dallas. Mientras las autoridades negocian una alternativa, estudios económicos anticipan miles de millones de dólares en nuevos ingresos fiscales y más de 20.000 empleos vinculados con la construcción y operación del sistema.
La iniciativa contempla un corredor de tren de alta velocidad entre Dallas y Fort Worth, con conexiones estratégicas en Arlington. El proyecto forma parte de una visión más amplia para crear una red ferroviaria capaz de unir algunos de los principales centros urbanos de Texas. La definición del recorrido todavía está en negociación: Dallas, Fort Worth, Arlington, el condado de Dallas y la Autoridad de Transporte Rápido del Área de Dallas (DART) participan en conversaciones para encontrar una alternativa que permita avanzar con el corredor.
El sistema ferroviario aborda así la creciente demanda de transporte en el estado, ante un aumento demográfico mayor, con proyecciones de reducir hasta 2,5 millones de viajes en auto. Las conversaciones entre las entidades involucradas buscan destrabar el punto más sensible del proyecto: el trazado occidental en Dallas, sin el cual las obras no pueden comenzar.
El impacto económico es uno de los principales argumentos para impulsar el proyecto. Un estudio encargado por Fort Worth y Arlington calculó importantes incrementos en los ingresos fiscales derivados del desarrollo del corredor. Según las estimaciones, Fort Worth podría recibir US$3.300 millones en ingresos por impuestos a la propiedad entre 2036 y 2050, mientras que Arlington alcanzaría cerca de US$4.000 millones durante el mismo período. En cuanto al gasto de residentes y visitantes, Fort Worth podría registrar hasta US$1.200 millones anuales y Arlington aproximadamente US$1.000 millones anuales. El desarrollo comercial asociado al corredor generaría unos US$19,4 millones en Fort Worth y US$25,6 millones en Arlington.
El principal punto de conflicto es el trazado occidental, que contempla una estructura elevada al oeste del centro de Dallas y una estación ubicada al sur del distrito central de negocios y de la Interestatal 30. El impacto también podría extenderse al sector hotelero y comercial, debido al aumento previsto de visitantes y de la actividad alrededor de las estaciones.
El proyecto no solo tendría efectos sobre los ingresos municipales. Un análisis de Boston Consulting Group citado en el estudio calcula que el sistema podría generar más de 20.000 puestos de trabajo durante su construcción y operación. La nueva infraestructura también podría modificar los hábitos de transporte: las proyecciones estiman una reducción de hasta 2,5 millones de viajes en automóvil en Texas, al ofrecer una alternativa rápida para desplazarse entre algunas de las principales ciudades.
El proyecto ferroviario de alta velocidad en Texas acumula ya una inversión cercana a US$13 millones en trazados y estudios, y si fuera cancelado, la región podría verse obligada a devolver hasta US$7,2 millones en fondos federales. Por eso, los responsables del transporte regional buscan mantener las conversaciones y hallar una solución que permita conservar los avances técnicos y ambientales logrados hasta ahora.
El principal escollo aparece en Dallas, donde el Concejo Municipal reforzó su oposición a una línea elevada que atraviese el centro y barrios aledaños. La resolución municipal excluyó del corredor a West Dallas y varios parques, y planteó evaluar alternativas como mejoras al Trinity Railway Express o una opción subterránea.
La presión por ampliar las opciones de transporte crece con la demografía: las autoridades calculan que 12,5 millones de personas se trasladarán al norte de Texas en los próximos 25 años, y la zona ya incorpora más de 200.000 nuevos habitantes anualmente. Pese a los beneficios económicos proyectados, la disputa por el trazado mantiene en vilo el futuro de una iniciativa que promete conectar varias ciudades y generar 20.000 empleos.
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