En Brasil, Sandro Gilberto Jankoski ha construido una edificación innovadora con la técnica de superadobe, utilizando sacos de polipropileno rellenos de tierra compactada. La tierra empleada en la obra salió del mismo terreno, un detalle que redujo el transporte de materiales y el impacto ambiental. Sandro Gilberto Jankoski, el creador de esta edificación bioclimática en Brasil, levantó una estructura parcialmente enterrada con techo verde que llamó la atención de sus vecinos por el método empleado: la técnica del superadobe, que sustituye ladrillos y hormigón por largos sacos de polipropileno rellenos de tierra compactada. Esos tubos, parecidos a las bolsas que se usan para mover papas y cebollas, se fueron colocando en capas sucesivas hasta conformar las paredes. Cada tramo se moldeó y apisonó a mano, lo que dio forma a una estructura resistente e integrada con el entorno natural. El proceso recuerda a una impresora 3D manual, pero a escala real. La obra demandó cerca de un año y se hizo prácticamente en solitario. Durante meses, Sandro trasladó baldes de tierra, subió escaleras y compactó el material para dar forma a cada nivel. Las paredes llegaron a unos 25 centímetros de grosor antes de la compactación y, entre capa y capa, colocó alambre de púas para evitar desplazamientos y reforzar la estabilidad de la construcción. El resultado es una vivienda que mantiene la temperatura estable durante todo el año, un beneficio propio de las construcciones bioclimáticas que aprovechan la masa térmica de la tierra para regular el clima interior sin depender de sistemas artificiales.

Una construcción pensada para la comunidad y la naturaleza

El espacio, aunque tiene características de una vivienda, fue concebido como un lugar de encuentro para ceremonias espirituales relacionadas con el grupo Medicinas da Floresta. La idea surgió luego de conversaciones sobre la necesidad de crear un espacio autónomo y conectado con la naturaleza.

El principal beneficio de esta técnica está en su capacidad de regulación térmica. La gran masa de tierra compactada funciona como un aislante natural que protege el interior de los cambios bruscos de temperatura. Para aprovechar aún más el aislamiento natural del suelo, una parte de la construcción fue integrada en un barranco, y para evitar problemas de humedad, se incorporaron sistemas de drenaje y lonas reforzadas que protegen las paredes enterradas.

La cubierta de la estructura cuenta con un techo verde compuesto por suelo natural, césped y plantas de vid, elementos que ayudan a mejorar el aislamiento térmico y acústico, además de darle una apariencia integrada con el paisaje. Junto a la construcción principal, Sandro también creó un almacén subterráneo destinado a conservar alimentos, guardar semillas y funcionar como refugio ante posibles emergencias.

La obra de Sandro muestra cómo materiales simples, como sacos rellenos de tierra, pueden convertirse en una alternativa de construcción sostenible capaz de combinar resistencia, bajo impacto ambiental y confort durante todo el año.

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