Mientras degustaba un estofado de res con arrocito blanco y rocotito molido, acompañado de una jarrita de limonada fresquecita, mi amigo Gary, fotógrafo de profesión, me trajo a la conversación un tema que no deja indiferente a nadie: el acoso sexual contra Naldy Saldaña, presuntamente cometido por el director musical de La Bella Luz, César Sánchez Chavesta. “María, ayer te comentaba que es terrible el caso”, me recordó, y añadió que esta orquesta se caracterizaba por tener hasta menores en su agrupación, por lo que la Fiscalía debe llegar hasta el final en esta investigación.

Pero su preocupación iba más allá de este caso puntual. “Este delito es grave. Al margen de este caso de acoso, debemos estar muy atentos con los niños”, sostuvo. Y es que, en sus años como reportero, ha sido testigo de terribles casos de abuso sexual que “te parten el alma, porque lo que sufren es tan traumático que no lo olvidan jamás”.

Uno de los datos que más llama la atención es que, en la mayoría de casos, contra lo que muchos podrían pensar, el violador no es un extraño que intercepta a su víctima en la calle, sino alguien conocido, generalmente un familiar o una amistad a la que se ha dado la suficiente confianza como para permitirle ingresar al hogar. Por eso, Gary insiste en que debemos cuidar a nuestros hijos las 24 horas del día, porque hay muchísimos ‘monstruos’ sueltos.

Ante esta realidad, compartió algunos consejos para proteger a los más pequeños del hogar. El primero: desconfía siempre, pues la mayoría de depravados ocultan bien sus malsanas intenciones, se presentan como personas respetuosas, serias y hasta muestran una personalidad bastante agradable para ganarse la confianza de los menores y de sus padres. Por ello, no se debe dejar a los hijos solos con adultos.

También recomendó mirar bien a quién se le abren las puertas del hogar: los de comportamiento sospechoso no pueden ingresar. “Aunque es duro decirlo, duda de todos. Es preferible pecar por exceso que por defecto. Eso es mejor que lamentarse después”, afirmó.

Otro punto clave es hablar con ellos: explicarles de forma clara sobre los peligros que los rodean y que hay partes íntimas de su cuerpo que nadie tiene el derecho de tocar. Además, darles confianza para que cuenten todo, por ejemplo, si hay un adulto que los molesta de alguna forma. También sugirió fortalecer su autoestima, mostrándoles amor, respeto y consideración siempre, diciéndoles que los amamos y abrazándolos. “Los abusadores saben identificar a los chicos con carencias emocionales y aprovecharse de ellas para lograr sus fines”, advirtió.

Finalmente, instó a enseñarles la diferencia entre los secretos buenos y malos, para que no callen si sienten que alguien se mete con ellos, y a que entiendan que no hay que aceptar ‘regalos’ de ninguna clase a cambio de favores. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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