El doctor Rodolfo Barillas, especialista en medicina preventiva y sueño, señala que el abdomen puede convertirse en un reflejo de lo que ocurre dentro del organismo. Cuando el estrés crónico, el exceso de cortisol, los picos de glucosa y los malos hábitos diarios alteran el metabolismo, se favorece la acumulación de grasa visceral, aquella que rodea los órganos internos y que está vinculada a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes.

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Si llevas meses haciendo ejercicio y comes “saludable” pero la grasa abdominal no desaparece, antes de culparte por falta de disciplina conviene mirar más allá de las calorías. El estrés constante activa la producción de cortisol, una hormona que, cuando permanece elevada durante largos periodos, favorece el almacenamiento de grasa visceral. No siempre es consecuencia de comer en exceso o de hacer poco ejercicio.

Dormir poco, comer con prisa, saltarse comidas o abusar de alimentos ultraprocesados también pueden alterar el equilibrio hormonal y dificultar la pérdida de peso. Si además sientes cansancio por las tardes, dependes del café para mantenerte despierto o vuelves a tener hambre pocas horas después de comer, tu cuerpo podría estar enviando señales de alerta.

Cinco señales de que tu metabolismo podría estar bajo los efectos del estrés

1. La grasa abdominal no disminuye pese a la dieta y el ejercicio

Cuando el cortisol permanece elevado durante semanas o meses, el organismo puede favorecer el almacenamiento de grasa alrededor del abdomen. Si bien el ejercicio sigue siendo fundamental para la salud, controlar el estrés, dormir bien y mantener una alimentación equilibrada también forman parte del tratamiento.

La necesidad de tomar café todas las tardes para seguir trabajando no siempre es un simple antojo: puede delatar falta de sueño, estrés acumulado o una alimentación que no brinda energía sostenida. Si bien el café mejora temporalmente el estado de alerta, los especialistas recuerdan que no reemplaza el descanso.

Otro signo de alerta aparece cuando, entre las 2 y las 4 de la tarde, se siente un cansancio intenso. Ese bajón de energía tras el almuerzo podría estar vinculado a cambios bruscos en los niveles de glucosa después de comer. Para evitarlo, los nutricionistas sugieren incluir proteínas, fibra y grasas saludables en esa comida, además de recortar azúcares y carbohidratos refinados.

Sentir mucha hambre dos o tres horas después de almorzar también es una señal: puede indicar que la comida no fue equilibrada o que hubo una respuesta exagerada de la insulina. Consumir proteínas, verduras y carbohidratos integrales ayuda a prolongar la saciedad.

La irritabilidad que aparece en la misma franja horaria —entre las 2 y las 4 de la tarde— también puede estar asociada a la fatiga, el estrés o las fluctuaciones de glucosa en sangre. Si el síntoma se repite con frecuencia, conviene revisar los hábitos de alimentación, descanso y manejo del estrés.

Frente a la pregunta de cómo reducir la grasa abdominal de forma saludable, los especialistas coinciden en que no existe una solución rápida. La pérdida de esa grasa requiere una estrategia integral que incluya dormir entre 7 y 9 horas; practicar actividad física constante, combinando ejercicios cardiovasculares y de fuerza; consumir proteínas, verduras, frutas y cereales integrales; reducir bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados; aprender técnicas para manejar el estrés, como caminar, meditar o hacer ejercicios de respiración; y evitar saltarse comidas, comiendo con calma.

¿Cuándo consultar con un médico?

Ante antecedentes de diabetes, hipertensión o enfermedades hormonales, o si se presenta sed intensa, somnolencia excesiva, cansancio constante, pérdida de peso inexplicable o un aumento rápido de la grasa abdominal, la recomendación es acudir a un médico o endocrinólogo. Una evaluación profesional resulta clave para determinar si el problema responde al estrés y al cortisol o a otra causa subyacente. El especialista podrá orientar el tratamiento adecuado según cada caso.

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