En el Macizo del Deseado, provincia argentina de Santa Cruz, un equipo de investigadores halló una planta fósil de aproximadamente 150 millones de años que pertenece al mismo grupo botánico de los actuales cipreses y alerces. La nueva especie, bautizada Austrohamia vitrea, conserva un nivel de detalle excepcional que permite observar células, tejidos y otras estructuras internas, ofreciendo una visión inédita de cómo eran los bosques que existían en la Patagonia durante el período Jurásico.
A diferencia de la mayoría de los fósiles vegetales, que solo preservan la forma o la impresión de las plantas, Austrohamia vitrea mantiene su anatomía interna casi intacta, con células, tejidos, estomas, canales de resina y estructuras del sistema vascular identificados con una definición poco común. Este descubrimiento brinda información valiosa sobre las coníferas que coexistieron con los dinosaurios, ofreciendo una visión única de la evolución y adaptaciones de las plantas en la era Mesozoica.
Gracias a su extraordinario estado de conservación, los científicos pueden estudiar no solo su aspecto externo, sino también el funcionamiento de una conífera que convivió con los dinosaurios. Este nivel de preservación permite reconstruir cómo la planta transportaba agua y nutrientes, intercambiaba gases con el ambiente y se protegía de las condiciones de su entorno. Para los especialistas, es una oportunidad única para comprender la evolución temprana de las coníferas.
Fósil encontrado en la Patagonia por los científicos.
El fósil conserva células y tejidos en tres dimensiones
Los investigadores identificaron en Austrohamia vitrea estructuras internas con una definición poco común: células, tejidos, estomas, canales de resina y el sistema vascular permanecen casi intactos, a diferencia de lo que ocurre con la mayoría de fósiles vegetales que solo dejan su forma o impresión.
El molde tridimensional que hoy permite observar detalles anatómicos que normalmente desaparecen durante la fosilización fue posible porque las aguas impregnaron rápidamente las hojas y ramas con minerales, reemplazando de forma gradual la materia orgánica sin destruir su estructura microscópica. Los científicos atribuyen esta excepcional preservación al ambiente donde quedó enterrada la planta: durante el Jurásico, el norte de Santa Cruz presentaba una intensa actividad volcánica y sistemas de aguas termales ricas en sílice, muy distintos al paisaje árido que caracteriza actualmente a la Patagonia. Gracias a ello, Austrohamia vitrea se ha convertido en una pieza clave para comprender la historia evolutiva de los bosques que cubrieron la Patagonia durante el Mesozoico. El hallazgo ayuda a los paleobotánicos a reconstruir cómo eran los antiguos ecosistemas de la Formación La Matilde, una región que hace 150 millones de años albergaba volcanes, aguas termales, coníferas, helechos, hongos y diversos organismos que compartían el territorio con los dinosaurios. Además de describir una nueva especie, el estudio aporta información sobre el funcionamiento de las plantas jurásicas y sus adaptaciones al ambiente, ofreciendo una ventana para reconstruir la Patagonia jurásica.
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