Con 30 años y oriunda de Barranca, la capitana FAP María Génesis Díaz Chavarría acaba de escribir un capítulo inédito en la historia aeronáutica del Perú: se convirtió en la primera mujer en calificar como Piloto de Seguridad de la aeronave DHC-6 Serie 400 dentro de la aviación de transporte de la Fuerza Aérea del Perú. Su certificación no solo derriba viejas barreras, sino que inaugura una etapa marcada por la equidad, la capacidad y la excelencia operativa en roles de alta responsabilidad.

Detrás de este hito hay una vocación que nació en la infancia. Desde pequeña quiso ser aviadora y hoy habla con orgullo de la institución castrense; se apasiona al referirse a los aviones y, sobre todo, cuando evoca a Renata, su pequeña hija. Pero su compromiso va más allá del plano personal: "Cualquiera sea la misión que me toque y que ponga en riesgo a nuestra patria. Yo estoy mentalmente preparada y convencida de dejar la vida por mi patria, por mi país".

Su temple ya fue puesto a prueba en una misión reciente. Hace poco realizó un vuelo desde Iquitos hasta la ciudad fronteriza de Caballococha, en la provincia de Mariscal Ramón Castilla, para trasladar a una comitiva de la Dirandro y la fiscalía antinarcóticos. Fue un trayecto particularmente exigente por las condiciones geográficas y climáticas de la selva, un escenario que demandó al máximo sus habilidades al mando de la aeronave.

María Génesis Díaz, primera piloto de seguridad peruana.

Egresada de la promoción 'Mayor FAP Dante Alva Gustavson' en 2020, la oficial FAP labora en el Grupo Aéreo 42 de Iquitos como piloto de transporte a personas en emergencia. Su misión es llevar ayuda humanitaria o trasladar órganos para trasplantes que salvan vidas, entre otras labores. Durante el vuelo se constató su destreza, calma y precisión: manejó con dominio total la aeronave, garantizando la seguridad de la tripulación y los pasajeros en cada etapa del recorrido.

"Fue difícil porque es rigurosa la instrucción militar, que incluye lo teórico, lo físico, además de ejercicios de supervivencia", confiesa. Expresiva pero tímida, con temple, pero reservada, recuerda que algunos miembros de la familia y amigos "no me tenían fe, me veían algo frágil, sofisticada, pero les demostré todo lo contrario".

La noche anterior a su primer vuelo oficial, la ansiedad la invadió: "Si bien estaba tranquila y pude disfrutar de tan importante día, la noche anterior me sentía inquieta, ansiosa, no podía creer que llegara esta posibilidad de pilotear, algo a lo que aspiré desde que tengo uso de razón. Y volar por primera vez, ser la comandante de ese avión, el despegue, que salió como imaginaba... es una sensación indescriptible", le expresa Génesis.

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"Está claro que lo mío no era ser abogada, contadora ni maestra. Mi vida está en el aire, literalmente, y para lograrlo soy consciente de la vida sacrificada que debo tener. Así es la vida militar, lejos de casa y para la que hay que estar siempre disponible, sino ahí está la puerta, lo tengo claro", sorprende por su convencimiento. Génesis pasó con creces y altas calificaciones, demostrando que la fragilidad que algunos le atribuían era solo una apariencia.

“Me esforcé en todo lo que pedían para ingresar a la escuela de oficiales y luego a la de pilotos, todo es posible cuando uno sigue sin rendirse”, comenta. Su historia sirve de inspiración a jóvenes y, sobre todo, a muchas mujeres para creer en volar alto sin renunciar a sus sueños ni a su familia. “Renata es mi mayor orgullo. No es fácil ser madre y piloto militar al mismo tiempo. Cuento con el apoyo de mi pareja y, en cada decisión, me siento acompañada por mi hija y mi familia”, refiere.

Este importante logro fortalece las capacidades operativas de la FAP, incrementando la eficiencia y seguridad de las misiones, especialmente en la Amazonía. Su ejemplo refleja el profesionalismo, la preparación y el compromiso de las mujeres de la FAP, quienes, con vocación de servicio, contribuyen al cumplimiento de una misión en beneficio del país.

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