En Matute, la confianza brilla por su ausencia. El colombiano Jorge Luis Pinto, a quien describen como “un chancay de cinco céntimos”, desconfía hasta de su propia sombra y, según me cuentan, se ha vuelto “podrido al mango” desde que se filtró un cambio en los medios. Su obsesión llegó a tal punto que revisa los ‘wasap’ de sus jugadores, sin importarle que no haya privacidad en el equipo. Si una amiga escribe cariñosamente, el jefe tiene que leer el mensaje. “Del saque somos carnecita... La neta que Matute es una escuela militar, donde hay sargentos, coroneles y generales”, dicen por ahí. Pero está claro que está equivocado, por no decir una lisurota, y me sorprende que nadie tenga pelotas y lo haya parchado mal. A nadie le gusta que le miren su celular, y lo único que va a encontrar son conversaciones calientes y cómo se parte al colega o compañeros. Sí señores...

Por otro lado, el martes fue cumpleaños del gran ‘Kukín’ Flores, el verdadero 10 de la calle. Hubo arreglos florales de amigos e hinchas, pero no del Sport Boys. Es increíble y reprochable que esa administración de mela no se haya acordado del niño mimado del Callao, cuya zurda regaló demasiadas alegrías a los rosados como para que el club lo haya olvidado. Eso pasa porque ahora cualquier chistoso se mete al fútbol. Felizmente los barrios, barriadas, esquinas y zonas picantes y sanas brindaron por su memoria. Vale...

La cultura y formación del futbolista peruano es lo que no termina de entender el ‘Bambino de los Andes’, que ahora, instalado en la Javier Prado, ya tiene escaneada toda la realidad de la Liga 1. Llegan con la hora justa al entrenamiento, mal alimentados y con otras cosas que no van con un deportista profesional. En la Videna no se daba cuenta porque solo venía por unos días. Pese a todo, se siente a gusto y no se va de boca porque cobra como ‘9’ de 30 goles por temporada. Rexuxa...

Por otro lado, me pasan la voz de que el Chasqui, quien levantó títulos internacionales con el ‘Papá’, chapó un cuadro de Cerro de Pasco que participa en la Copa Perú. Por eso está viviendo en un campamento. Los venenosos aseguran que allí le bajará una rayita a la sed, pues está prohibido beber; un buen lugar para mandar a varios ‘bomberos’. Y no va a ser... Me voy, soy fuga.

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