La importación de vehículos es una actividad altamente regulada y, si no se cumple la normativa adecuadamente, conlleva diversos riesgos. Entre los principales figuran los regulatorios, pues las unidades deben ajustarse a las normas locales sobre emisiones, eficiencia y dispositivos de seguridad; los aduaneros, ya que una documentación incompleta o incorrecta puede hacer que las unidades sean observadas o rechazadas en aduanas; y los de inadecuación al panorama local, como el tipo de combustible disponible, el clima, la configuración técnica o la geografía del país. A ello se suman los riesgos financieros y logísticos, impactados por el tipo de cambio, los tiempos de importación, los problemas en la cadena global de suministros y el alza de los fletes; por ejemplo, el contexto geopolítico del conflicto entre Estados Unidos e Irán ha elevado el precio del petróleo y, con ello, los costos logísticos y del combustible. Finalmente, están las contingencias legales y económicas: al ser un proceso muy regulado, el incumplimiento de alguna exigencia puede traer sanciones o pérdidas significativas.
En este contexto, aumentaron los vehículos vendidos en el llamado mercado gris: autos importados por distribuidores no autorizados, fabricados para otros países y que muchas veces no cumplen las exigencias técnicas, ambientales o de seguridad vigentes en el Perú. Uno de los principales riesgos de estas unidades es que carecen de trazabilidad y respaldo oficial, ya que al no pertenecer a la red autorizada de la marca suelen no tener historial técnico validado ni acceso a campañas de servicio, lo que puede afectar gravemente la seguridad de los ocupantes.
¿Por qué algunos optan por canales no oficiales? Según la tendencia en este tipo de modalidad, quienes lo hacen suelen buscar principalmente tres cosas: modelos o versiones que no están disponibles en el mercado local; equipamientos o características diferenciadas, como más accesorios, tecnología o variaciones específicas; y precios aparentemente más competitivos. Sin embargo, este supuesto ahorro puede resultar engañoso: al asumir tantos riesgos, el costo total a lo largo de la vida útil del vehículo puede terminar siendo mayor que el de comprar uno por canales oficiales.
“Considerando el riesgo que involucra la compra de esta manera, puede salirte al final más caro. Eso es lo que no se considera. Básicamente es una decisión impulsada por precio, pero que no tome en cuenta la sostenibilidad o la seguridad del producto”, indicó Alberto Morisaki, gerente de Operaciones y Analítica en Asociación Automotriz del Perú (AAP).
Para Morisaki, cuando la compra se hace por una vía estándar —a través de una empresa que representa a la marca— “el riesgo es controlado”. El problema surge cuando se recurre a plataformas o canales no oficiales: ahí, advierte, “es un riesgo ya estructural, que puede afectar la vida útil del vehículo, toda la vida útil”. En esos casos, los peligros no solo se multiplican, sino que adquieren una dimensión estructural, según explicó el especialista a Gestión.
Uno de los primeros costos ocultos es la pérdida del respaldo de la marca: el auto no cuenta con garantía oficial del fabricante ni con el soporte del representante local. A esto se suma la falta de trazabilidad técnica, pues no hay información clara ni verificable sobre el historial del vehículo, lo que dificulta identificar accidentes previos, fallas recurrentes o manipulación de componentes. Tampoco hay acceso a las campañas de recall: si el fabricante convoca a revisión a ciertos modelos por fallas de fábrica, la unidad importada por un canal no oficial queda excluida de esos llamados de seguridad.
La postventa también sufre limitaciones severas. Puede que no existan repuestos disponibles, ni servicio técnico autorizado, ni personal capacitado para atender ese modelo específico; un problema que se agrava si el auto se usa en provincias, donde la red de talleres es más reducida. Además, el vehículo podría no cumplir con las normas nacionales de seguridad o de emisiones, lo que eleva el riesgo para el usuario y puede generar complicaciones legales.
Otro aspecto clave es que los vehículos actuales ya no son solo componentes mecánicos: integran hardware, software, conectividad y servicio postventa. Se conectan con la fábrica y registran su historial de recorrido, funcionalidades que quedarán inoperativas en un auto importado por canal no oficial, pues el proveedor oficial no lo reconocerá ni podrá ofrecer garantía. Antes de lanzar un modelo, además, los autos pasan por un proceso de homologación, tropicalización o adaptación al mercado peruano, que considera factores como combustible, pistas, altitud y la geografía variada del país.
La desconfianza que generan en el mercado secundario es otro punto en contra. Quienes compran un auto usado siempre indagan sobre el historial de mantenimiento, y las garantías actuales son cada vez más extensas; un vehículo sin garantía oficial termina con un menor valor de reventa. A ello se suma que las aseguradoras pueden formular observaciones por la disponibilidad de repuestos, un aspecto crítico en autos modernos repletos de sensores, cámaras y sistemas electrónicos costosos que, ante un accidente, exigen no solo reparación sino el reemplazo de componentes caros. “Los seguros se preocupan mucho por eso, se detienen en sus inconvenientes porque saben lo que se podría venir como contingencia”, señaló Antúnez de Mayolo.
Los problemas también aparecen en el funcionamiento diario: los vehículos diseñados para otros mercados pueden presentar diferencias en emisiones, combustible, software y calibraciones, y algunos han tenido dificultades de adaptación por no haber sido probados adecuadamente para el mercado local. “Un ahorro inicial puede terminar saliendo menor frente a mayores costos de mantenimiento. Se evalúa la reventa y los tiempos de reparación más largos. Entonces, yo recomendaría que se considere todo eso”, sostuvo Cesar Antúnez de Mayolo, profesor de Pacífico Business School.
Ante este panorama, Morisaki dejó una serie de recomendaciones para quienes deseen importar o adquirir un vehículo. La primera es asegurar soporte técnico local: verificar que exista una red de servicios y talleres autorizados a nivel nacional, especialmente si el auto se usará fuera de Lima. También revisar la disponibilidad de repuestos en el país para ese modelo, lo que permite un mantenimiento adecuado y oportuno. Se debe confirmar el cumplimiento normativo, validando que el vehículo cumpla las normas técnicas, de seguridad y ambientales vigentes. Otra sugerencia es verificar el origen y la documentación, revisando el VIN (el documento de identificación del vehículo) y asegurándose de que la documentación sea correcta y completa. Se recomienda priorizar canales oficiales y autorizados, que garantizan una garantía válida, acceso a campañas de recall, mantenimiento adecuado y respaldo de marca durante la vida útil del vehículo. Finalmente, considerar el costo total: aunque por vías no oficiales el precio de entrada pueda ser menor, la falta de repuestos, de postventa y de un servicio técnico adecuado puede provocar que, a largo plazo, el vehículo cueste mucho más de lo que inicialmente se cotizó.
Como se puede advertir, existe un riesgo amplio al momento de importar un vehículo, el cual incrementa considerablemente si se realiza por un canal no oficial.
Aunque en Perú acceder a información pública sobre referencias de consumidores y detalles del vehículo a importar resulta más complicado que en otros países, Antúnez de Mayolo recomendó hacer ese esfuerzo. Asimismo, sugirió revisar redes sociales para leer quejas y así evaluar el nivel de servicio de la red de concesionarios.
Bachiller en Periodismo por la Universidad Jaime Bausate y Meza, con seis años de experiencia en prensa radial, escrita, digital e instituciones públicas.
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