Mientras esperaba su jarrita de emoliente tibiecito y un tallarín saltado con trozos de pollito, tomate y cebolla crujiente, mi amigo Gary, el fotógrafo, no pudo ocultar su malestar. “María, indignación y cólera es lo que sentimos quienes hemos visto el video donde aparece el director musical de la agrupación de cumbia La Bella Luz, César Sánchez, haciendo tocamientos indebidos a la cantante Naldy Saldaña”, expresó.

Su reclamo fue contundente: “Todos tenemos una madre, una tía, hija o sobrina y da rabia solo pensar que un tipo así las pueda manosear”. La pregunta que lo atormentaba era cuántas mujeres soportan este abuso en silencio por miedo, vergüenza o necesidad, pues temen perder el trabajo con el que mantienen a sus familias. “Muchas niñas, jóvenes y mujeres adultas están expuestas día a día a sujetos que las tocan o les dicen palabras, o hacen comentarios de carácter sexual que las agreden y rompen su tranquilidad”, agregó.

Para Gary, la Fiscalía debe investigar hasta determinar de forma clara y precisa las responsabilidades y aplicar las penas que correspondan, porque “nadie debería estar sometido a esta clase de ultraje”. Aunque reconoció que alzar la voz no es sencillo, instó a las víctimas a no callarse: “No se deben quedar calladas y tienen que ser valientes para rechazar estos actos”. Y si denunciar resulta difícil, pidió que el entorno actúe: “las personas alrededor de ellas, como los amigos y la familia, tienen que estar atentas para apoyarlas”.

Gary tiene razón. Me voy, cuídense. El acoso sexual no es un ningún juego: se trata de un delito vil que se paga con condenas que pueden ir desde los tres hasta los nueve años de prisión. Este crimen no puede ser tolerado por nadie, y menos por las autoridades que deben velar sobre todo por los niños y mujeres. Lamentablemente, abundan los sujetos que ven como algo normal manosear, ofender de palabra y golpear a mujeres.

Desde pequeños, los padres deben enseñar a sus hijos a respetar la dignidad de todas las personas y a no cruzar límites. Nada de burlas, gestos desagradables, insultos, comentarios subidos de tono ni juegos de manos. Si un amiguito o amiguita muestra algún desagrado por alguna broma o alguna acción que haga, por más que a él le parezca gracioso debe saber que tiene que parar de inmediato y no repetirlo. Así se les enseña a respetar y a no ir contra la dignidad del otro.

Leer artículo completo en trome.com →