En un contexto de crecientes tensiones entre Washington y Pekín, el consejero delegado de Nvidia, Jensen Huang, inició el fin de semana un viaje de bajo perfil a China con parada en las nuevas oficinas de la empresa en Shanghái, para tratar la venta de sus microchips. La visita coincide con controles más estrictos de Estados Unidos a la exportación de chips avanzados y con los esfuerzos de Pekín por reducir su dependencia tecnológica.
El gigante estadounidense, que en octubre pasado llegó a superar los cinco billones de dólares de capitalización bursátil, enfrenta ahora un escenario complejo: mientras analistas de Bernstein sostienen que China seguirá fortaleciendo su ecosistema de chips de IA, los cambios regulatorios en EE.UU. inevitablemente afectarán la posición de Nvidia en su segundo mayor mercado.
El centro del debate es el chip H200, el segundo procesador de inteligencia artificial más potente de la compañía. A inicios de enero, Washington autorizó su venta a China, aunque con restricciones: límites en la cantidad de unidades y medidas para evitar usos militares. Sin embargo, pese a esta luz verde condicionada, Pekín prepara límites a la compra de chips avanzados de fabricantes extranjeros por parte de sus empresas, según Nikkei Asia, y les ha ordenado que “pausen” nuevos pedidos mientras impulsa la autosuficiencia tecnológica.
Cuotas y demandas de chips en China
El impacto ya se siente en los mercados: Bloomberg informa que las ventas de Nvidia en China, incluyendo Hong Kong, se desplomaron un 45% interanual en el último trimestre de 2025, lo que contribuyó a que la cotización de la compañía retrocediera un 7% desde octubre de 2025 y alrededor de un 1% desde el inicio de 2026. En ese mismo período, antes de que se endurecieran las restricciones, el gigante tecnológico obtuvo de China un 13% de sus ingresos.
Las autoridades chinas no han reconocido oficialmente su posición, pero, como es habitual, la dejaron entrever a través de la prensa oficial, que calificó las condiciones de EE.UU. para la venta de los H200 de “discriminatorias” contra China, asegurando que buscaban mantener la brecha tecnológica. Según Trivium China, estos procesadores son “los chips más potentes que Pekín puede obtener legalmente”, con prestaciones superiores a las que Washington permitía hasta ahora, lo que ayudaría a las empresas chinas de IA a “mantenerse competitivas”.
Si bien parece improbable que Pekín permita su entrada a gran escala, Bloomberg indicó recientemente que desbloqueará la situación, aunque, según Capital Economics, exigiendo a las grandes tecnológicas cuotas mínimas de compra de chips nacionales para permitirles beneficiarse de los procesadores más avanzados.
Perspectivas mixtas
Mientras Nvidia intenta sortear la tormenta comercial entre Washington y Pekín, los analistas de Wall Street ponen el foco en su capacidad para sostener un crecimiento global sólido. La cuota de mercado de la compañía en China podría “reducirse drásticamente en los próximos años”, según medios especializados, sobre todo si el país asiático logra fabricar semiconductores tan avanzados como los Blackwell y sus proveedores locales cubren hasta el 80% de la demanda interna.
Desde Morgan Stanley, no obstante, destacan que la firma mantiene “una posición dominante incluso sin el mercado chino”, y Bank of America asegura que sus fundamentos siguen siendo “sólidos”. Pero no todos comparten ese optimismo: Seaport Research Partners advierte que la pérdida de terreno en China y el avance de los rivales locales podrían golpear los ingresos futuros y debilitar la ventaja competitiva de Nvidia en su plataforma CUDA, esencial para el desarrollo de aplicaciones de IA, frente a opciones chinas o de código abierto.
A pesar de las advertencias, las tecnológicas chinas ya han reservado más de dos millones de chips H200 para 2026, superando con creces el stock actual. Esa demanda ha llevado a Nvidia a estudiar cómo incrementar la producción junto a sus socios fabricantes, entre ellos la taiwanesa TSMC, que sigue beneficiándose de la ola y acumula un alza del 11% en sus acciones este año.
Para la analista Leah Fahy, el ecosistema chino aún presenta “limitaciones” que impiden una competencia real: “Sus chips aún sufren escasez de suministro y van muy por detrás de los más avanzados de EE.UU.”. A ello se suma la falta de maquinaria para producirlos, tanto por las restricciones de Washington como por la renuencia de Pekín a aceptar tecnología estadounidense. “El desafío para China no es solo alcanzar a EE.UU. en tecnología y destrezas, sino también desarrollar maquinaria que pueda dar resultados comparables con la litografía holandesa, la tecnología de fotorresistencia japonesa o la capacidad de producción de Taiwán”, sentencia.
Mientras tanto, el Gobierno de Xi Jinping estudia permitir un acceso limitado a los chips H200, sin dejar de impulsar la autosuficiencia tecnológica, priorizada en el plan quinquenal 2026‑2030. Esa estrategia ha favorecido espectaculares debutes bursátiles con subidas a triple dígito para firmas locales como Moore Threads. En lo que va de 2026, las acciones de los principales fabricantes chinos de chips, SMIC y Hua Hong, han subido un 2.3% y un 32%, respectivamente.
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