En la Reserva Forestal de Taboga, un grupo de monos capuchinos de cara blanca está incursionando en el mundo de la inteligencia artificial con una rapidez que sorprendió a los investigadores. Se trata de CapuchinAI, un sistema que combina una pantalla táctil, reconocimiento facial, una pequeña computadora y un dispensador automático de comida: cuando el primate se acerca a la plataforma, el dispositivo lo identifica, le presenta una tarea sencilla y, al completarla, le entrega plátanos como recompensa.
La investigación, publicada en la revista Journal of Primatology, fue desarrollada por científicos de la Universidad de Emory y el Instituto Tecnológico de Georgia. Los autores del estudio consideran que esta tecnología representa una forma innovadora de analizar la inteligencia, el aprendizaje, la memoria y la toma de decisiones de los animales en su entorno natural, algo que hasta ahora resultaba difícil de evaluar en estado salvaje.
Los capuchinos, descritos como juguetones, curiosos e inteligentes, suelen vivir en grupos familiares de entre 15 y 20 individuos. En Taboga, los científicos observan a estos primates en su hábitat y ahora cuentan con un sistema equipado con pantalla táctil y software de reconocimiento facial para estudiar su comportamiento. El experimento ya demostró que los monos salvajes se adaptan a la tecnología con una facilidad inesperada, lo que abre nuevas posibilidades para la investigación primatológica.
Gracias a la visión artificial, el modelo puede transferir las pruebas de un mono capuchino identificado a otro, de modo que varios individuos participen en una misma sesión de pruebas. Foto: Universidad de Emory
El sistema completo fue pensado para operar a la intemperie y, con una batería ligera, tiene una autonomía de aproximadamente ocho horas. Para los investigadores, esta tecnología allanaría el camino hacia experimentos cognitivos controlados con primates salvajes a una escala mucho mayor en el futuro.
El primer obstáculo fue que los monos comprendieran la función de la pantalla táctil. Al inicio, los científicos mostraron un cuadrado azul en la pantalla: cuando un ejemplar lo tocaba, el sistema registraba la interacción y entregaba un trozo de plátano deshidratado como recompensa. Durante los dos primeros días, los primates mostraron escaso interés, hasta que apareció Trompudo, un capuchino macho de gran tamaño cuyo nombre alude a su "hocico grande".
"Se subió a la caja y empezó a golpear la parte trasera", recordó el investigador Federico Sánchez Vargas. "Finalmente, golpeó la pantalla táctil y salió una rodaja de plátano".
"Era casi como si se le viera darse cuenta: '¡Ah, eso es lo que hay que hacer, tocar la pantalla!'", dijo. "Fue asombroso ver a un individuo aprender algo tan rápido". Poco después, otros capuchinos comenzaron a acercarse a la máquina, agregó el científico.
La IA reconoce monos con precisión
En el sitio de estudio en Costa Rica habitan aproximadamente 100 monos capuchinos, pero el equipo no contaba con suficiente material de alta calidad de cada individuo para entrenar el sistema. Por ello, en lugar de exigir inicialmente que la IA identificara con exactitud qué mono estaba frente a ella, el sistema se entrenó para reconocer si el animal que se acercaba era un capuchino.
El reconocimiento facial de CapuchinAI se nutrió primero con vídeos e imágenes fijas de seis monos capuchinos salvajes: miles de imágenes para enseñarle a distinguir a cada uno individualmente. En las pruebas de campo, el modelo identificó a esos seis ejemplares con un 97% de precisión a partir de imágenes fijas, vídeos y grabaciones en directo. Sin embargo, pronto apareció un obstáculo.
Cuando un mono se acercaba a la pantalla táctil, la cámara web podía grabarlo, y esas nuevas grabaciones servían para ampliar y mejorar la base de datos de reconocimiento facial. Así, el sistema podía ir aprendiendo de los encuentros reales con los animales que visitaban el dispositivo en el bosque.
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