Un largo historial sobre acusaciones de abuso
La denuncia de Emily Moreno se suma a una serie de señalamientos que han perseguido al congresista y que no son nuevos. De hecho, cuando Miller buscó por primera vez un escaño en la Cámara de Representantes, recibió el respaldo de la organización juvenil Turning Point, liderada por el fallecido Charlie Kirk, pese a que ya circulaban versiones sobre su comportamiento.
Uno de los episodios más antiguos data de su adolescencia y fue revelado por el medio ‘Politico’ en 2021: Miller fue señalado de empujar por unas escaleras a una joven estudiante de secundaria que lo había rechazado. En esa misma etapa de su vida también se le atribuyeron problemas con la ley, como huir de la Policía, alterar el orden público y consumir alcohol siendo menor de edad.
Ya en su vida adulta, la exsecretaria de Prensa de la Casa Blanca, Stephanie Grisham, con quien sostuvo una relación mientras él trabajaba como asesor de Donald Trump, lo acusó de haberla abofeteado y arrojado contra una pared. Grisham contó el episodio en un artículo de opinión publicado en ‘The Washington Post’ sin mencionarlo explícitamente, pero cuando se reveló que se refería a él, Miller la demandó por difamación. El caso se resolvió con un acuerdo extrajudicial, aunque semanas atrás Grisham regresó a los tribunales para denunciar que el congresista incumplió los términos de ese pacto al descalificarla públicamente.
La acusación más costosa para Miller, sin embargo, llegó cuando Moreno rompió el silencio que mantuvo durante dos años de amargas disputas por la custodia de la hija que el congresista tuvo con Emily, hija del senador. En su denuncia, Moreno explicó que intentaba “proteger a nuestra hija y a nuestra nieta” y que tenía “preocupación por la seguridad de mi familia”, según lo que él mismo publicó en X. “Como ha admitido en privado, Max Miller necesita ayuda psicológica seria. Es un peligro para mi hija, y contengo la respiración cada minuto que tiene la custodia de mi nieta”, agregó Moreno en esa publicación.
El expediente del divorcio de la pareja también da cuenta de episodios graves: Emily denunció que Miller le arrojó agua caliente, provocándole quemaduras; que le apuntó una pistola a la cabeza y que la empujó contra una pared durante una pelea, un incidente en el que supuestamente la pequeña hija de ambos sufrió una fractura de clavícula.
Miller es la apuesta republicana para tratar de impedir un costoso triunfo demócrata en el 7º distrito de Ohio, que pondría en riesgo la mayoría de los conservadores en la Cámara Baja.
Mientras tanto, la presión sobre Miller no deja de crecer. El reloj corre tanto para él como para los conservadores: el plazo para nombrar un reemplazo vence el 10 de agosto y, si después de esa fecha el congresista debe retirarse de la contienda, el Partido Republicano no tendrá derecho a nominar a un candidato para enfrentar al demócrata Brian Poindexter. Por eso, en las filas republicanas ya se escuchan voces que piden su renuncia para no poner en riesgo un escaño que se considera seguro para el partido.
Entre esas voces está la de la senadora republicana por Virginia Occidental, Shelley Moore Capito, quien afirmó: "Si Moreno cree que debería renunciar, lo apoyo". También se pronunció Lisa Murkowski, senadora por Alaska, para quien "las acusaciones son muy graves, y si son ciertas, soy de las que piensan que nuestros funcionarios electos deben estar sujetos a altos estándares".
El republicano, por su parte, ha respondido con un video propio publicado en X, en el que niega los señalamientos y asegura que "mi exmujer está siguiendo un patrón de informar de acusaciones increíblemente graves y destructivas sin ninguna prueba". Atribuye el episodio del agua caliente a una “broma” con la manguera del lavaplatos y cita “importantes problemas de salud mental” de Emily. Además, se ha puesto a disposición del Comité de Ética y ha prometido proporcionar toda la información necesaria para desmentir a sus detractores. "Nunca, jamás, jamás dejaré que mi niña vea a su padre marcharse como alguien que renuncia. Seguiré hasta poner fin a esto", proclamó Miller.
Quien ha endurecido su postura es Moreno, que anteriormente se había negado a "litigar estos asuntos en los medios", pero que en declaraciones a los periodistas el 4 de agosto describió lo que su familia ha vivido con Miller como “el séptimo anillo del infierno”.
El Comité de Ética, de acuerdo con un comunicado de esa instancia parlamentaria, revisará no solo el supuesto historial de violencia del representante, sino que también buscará determinar si ha incurrido en “abuso o en el consumo ilegal de drogas”.
La diatriba encuentra al Partido Republicano afectado por otro escándalo: un representante investigado por el Comité de Ética, Chuck Edwards, decidió retirar su candidatura a la reelección por el 11º distrito de Carolina del Norte, en medio de acusaciones de "conducta persistentemente poco profesional e inapropiada" hacia dos empleadas. El Comité concluyó que el comportamiento de Edwards, quien solía ofrecer costosos regalos a trabajadoras mujeres bajo su cargo, "llevaría a un observador razonable a interpretarlo como acercamiento sexual o romántico".
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