Un nuevo estudio bioarqueológico pone en jaque la interpretación tradicional de las tumbas de las princesas del antiguo Egipto. Durante décadas, esos espacios funerarios fueron vistos como lugares donde la realeza descansaba rodeada de joyas, amuletos y objetos de gran valor simbólico, pero la presencia de armas en varias cámaras había pasado desapercibida.

Lejos de ser meros elementos ceremoniales, arcos, flechas y dagas podrían ser evidencia de actividades que algunas princesas realizaron en vida. La investigación sugiere que ciertas mujeres de la realeza pudieron tener funciones militares, como demuestra el caso de la reina Ahhotep I, condecorada y sepultada con armas. Los expertos advierten que las conclusiones no son definitivas, aunque los hallazgos preliminares abren una perspectiva inédita sobre el papel de estas mujeres.

Un nuevo estudio bioarqueológico revela que las tumbas de las princesas del antiguo Egipto contenían no solo joyas, sino también armas, lo que podría redefinir su papel en la historia.

La bioarqueología, disciplina que estudia las huellas que dejan músculos y tendones sobre los huesos para reconstruir las actividades físicas de una persona a lo largo de su vida, fue la herramienta clave del estudio reciente. Los investigadores analizaron las marcas presentes en los huesos y concluyeron que algunas podrían corresponder al uso repetitivo de armas como arcos y dagas, lo que sugiere que estos elementos no habrían tenido únicamente un significado ritual.

Durante mucho tiempo, los arqueólogos consideraron que las armas halladas en las tumbas de las princesas eran objetos de prestigio o símbolos destinados a acompañarlas en la otra vida. Esa interpretación predominó porque las cámaras funerarias también contenían abundantes joyas y tesoros propios de la realeza. Sin embargo, la nueva investigación recurrió a la bioarqueología para indagar si esos objetos podían estar vinculados con las actividades que desarrollaron las princesas cuando estaban vivas.

Los especialistas identificaron modificaciones óseas similares a las que presentan deportistas que realizan movimientos repetitivos, como arqueros o tenistas. Estas señales apuntan a que algunas princesas habrían entrenado con suficiente frecuencia e intensidad como para dejar marcas permanentes en su estructura ósea.

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Los investigadores piden cautela al interpretar los resultados: pese a las evidencias halladas, no se puede afirmar que todas las princesas egipcias fueran guerreras. Las modificaciones óseas detectadas podrían deberse también a la edad, el peso corporal u otras actividades físicas. Sin embargo, existen antecedentes históricos que respaldan la posibilidad de que algunas mujeres de la realeza recibieran entrenamiento militar. El caso más emblemático es el de la reina Ahhotep I, sepultada con un hacha y condecoraciones militares, lo que sugiere que el papel de estas figuras fue mucho más activo de lo que se pensaba. Esta misma metodología ya había revelado otros misterios del antiguo Egipto, como evidencias de malnutrición en la infancia de ciertos faraones y la existencia de tratamientos médicos avanzados para fracturas y lesiones.

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