Ceuta y Melilla, dos enclaves españoles al norte de África que Marruecos reclama como territorios pendientes de descolonizar, fueron el escenario de una de las mayores crisis migratorias que ha enfrentado España en seis días. Alrededor de 60 mil marroquíes, empujados por la pobreza y la falta de oportunidades, ingresaron a Ceuta, dejando unos 70 fallecidos y cientos de desaparecidos en el intento. La ministra de Defensa española fue tajante: la gran mayoría de los ingresantes ya retornó ante la negativa de las autoridades de acogerlos. Estos enclaves suman cerca de 170 mil habitantes en casi 32 kilómetros cuadrados, y Marruecos tiene la mitad del PBI per cápita que el Perú.

Los grandes movimientos migratorios han marcado la historia humana. Por razones religiosas, políticas y económicas, ingleses, escoceses y españoles migraron a América; los africanos esclavizados llegaron a todo el continente y a Europa; y tras las guerras mundiales, la diáspora judía migró junto a italianos y alemanes.

El Perú no es ajeno a este fenómeno. Hoy los peruanos van hacia EE.UU., Europa y otros países americanos, pero también hemos sido receptores: Venezuela nos acogió durante la hiperinflación del gobierno de Alan García, Argentina y Chile hicieron lo mismo ante nuestras crisis económicas, y ahora recibimos migrantes venezolanos. La mayoría de las migraciones se produce por pobreza, ausencia de oportunidades laborales, guerras y violencia, y gran parte de nuestros migrantes son jóvenes.

Frente a ello, se necesitan ordenar las posibilidades de migración y el libre tránsito de personas, bienes y dinero. La integración económica debe partir de las personas y su calidad de vida prioritariamente; solo una propuesta colectiva de los países puede mejorar la vida de las personas.

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