Este martes, el Banco Mundial presentó en Washington D.C. su 'Informe sobre el desarrollo mundial 2026: La promesa de la inteligencia artificial', un documento que podría marcar un punto de inflexión en la visión global sobre esta tecnología. El organismo multilateral sostiene que, con las políticas correctas, las naciones de ingresos bajos y medianos tienen una oportunidad histórica para superar desafíos sociales y económicos que han persistido por generaciones, logrando en apenas diez años transformaciones que tradicionalmente requerirían un siglo entero.

Según el BM, este salto cualitativo es posible porque la inteligencia artificial no es simplemente una herramienta digital más, sino una tecnología de propósito general que se difunde a una velocidad nunca antes vista en la historia de la humanidad. El informe indica que mientras el internet tardó seis años en llegar al 3% de la población de los países en desarrollo, herramientas como ChatGPT redujeron esa brecha de adopción a tan solo cinco meses, permitiendo que el conocimiento experto llegue de forma masiva a sectores antes desatendidos.

“Manejada con destreza, la IA podría ayudar a extender servicios médicos, legales, educativos y agrícolas, de otro modo costosos, a miles de millones de personas desatendidas, haciendo en una década lo que de otro modo podría tomar un siglo”, afirmó Indermit Gill, vicepresidente sénior y economista en jefe del Grupo Banco Mundial.

El análisis también revela que las economías emergentes tienen menos riesgo de pérdida de empleos por la IA y podrían acelerar su desarrollo de forma sin precedentes. Uno de los hallazgos más llamativos es que los trabajadores de los países en desarrollo tienen mucho menos que temer a la automatización en comparación con sus pares de las naciones ricas: solo el 4,5% de los empleos en las economías de bajos ingresos están en riesgo de ser reemplazados por la IA generativa, una cifra significativamente menor al 14,2% que enfrentan las economías avanzadas.

Según el Banco Mundial, los países en desarrollo no necesitan competir con gigantes como Estados Unidos o China en la creación de modelos masivos de IA que cuestan miles de millones de dólares. La estrategia recomendada por el organismo se centra en la denominada 'IA pequeña': modelos de bajo costo diseñados para tareas específicas que pueden funcionar en teléfonos móviles básicos e incluso sin una conexión permanente a internet, lo que los hace ideales para zonas rurales o con infraestructura limitada.

El informe destaca que estos sistemas ya están mostrando resultados tangibles en diversas partes del mundo. En Ghana, por ejemplo, un sistema de tutoría por mensajes de texto logró mejoras en matemáticas equivalentes a un año escolar por solo 5 dólares por estudiante; mientras que en India, los diagnósticos de tuberculosis mediante el sonido de la tos están salvando vidas. La clave, puntualiza el documento, está en adaptar modelos existentes a los idiomas locales y a las realidades climáticas o legales de cada país, un camino mucho más eficiente que intentar inventar la tecnología desde cero.

El análisis del Banco Mundial también revela cifras alentadoras para el sur global. Solo el 4,5% de los empleos en las economías de bajos ingresos están en riesgo de ser reemplazados por la IA generativa, una cifra significativamente menor al 14,2% que enfrentan las economías avanzadas. Esto se debe a que los países en desarrollo todavía mantienen una base económica centrada en tareas manuales y agricultura de pequeña escala. En contraste, el reporte proyecta que el 16,2% de los empleos en estas naciones podrían ver un aumento en su rendimiento gracias a la IA, permitiendo que trabajadores con formación básica realicen tareas complejas, como la interpretación de imágenes médicas por parte de enfermeras o la asesoría técnica para agricultores mediante asistentes de voz.

La tecnología promete actuar más como un complemento que como un sustituto, potenciando la productividad de quienes hoy carecen de apoyo especializado, señala el informe. En esa línea, Indermit Gill, vicepresidente sénior y economista en jefe del Grupo Banco Mundial, fue contundente: “La IA tiene más probabilidades de darles una mano a sus trabajadores que de dejarlos sin trabajo”. Y añadió: “No necesitan grandes modelos ni grandes centros de datos para aprovechar sus beneficios”.

El organismo multilateral advierte, pese al optimismo general, que la promesa de la IA no se cumplirá de forma automática y que el margen para actuar es limitado. El éxito de esta transformación depende críticamente de lo que el informe denomina "cimientos analógicos": un suministro eléctrico confiable, conectividad a internet asequible, habilidades digitales básicas en la población e instituciones públicas capaces de regular la tecnología sin sofocar la innovación. En ese esquema, los gobiernos deben actuar como facilitadores del ecosistema y asegurar que los datos públicos sean de alta calidad y estén digitalizados para que los sistemas de IA puedan analizarlos. Si estos elementos básicos no existen, la brecha entre países ricos y pobres podría ampliarse en lugar de cerrarse, concentrando los beneficios de la productividad solo en las naciones que ya cuentan con una infraestructura sólida.

En ese contexto, el Banco Mundial menciona específicamente la Ley de IA del Perú (Ley N° 31814) y su reglamento, y resalta que el país es pionero al exigir auditorías de seguridad digital periódicas para las entidades públicas que utilizan esta tecnología, una medida fundamental para identificar vulnerabilidades y prevenir sesgos que podrían afectar a los ciudadanos. El país también aparece en el radar global por su compromiso con los estándares éticos internacionales: es uno de los pocos estados fuera de Europa en firmar el Convenio Marco del Consejo de Europa sobre IA, que prioriza el respeto a los derechos humanos y la democracia. Además, el Perú es citado como fuente de evidencia académica a través de estudios realizados en su Poder Judicial, donde se analiza cómo la capacitación del personal estatal mejora la implementación de nuevas herramientas tecnológicas para reducir la carga administrativa y mejorar el servicio de justicia.

De esta manera, el informe del organismo multilateral destaca al Perú como un ejemplo de proactividad en la creación de marcos legales para la inteligencia artificial, en un escenario donde la ventana de oportunidad para que los países en desarrollo alcancen en una década lo que les tomaría un siglo sigue abierta, pero condicionada a que se sienten primero esas bases analógicas.

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