En la vida de un devoto del Señor de los Milagros, el dolor no se mide con números; se mide en fe. Así lo demuestra la historia de Elsa Bracamonte, fundadora de la Primera Cuadrilla Fundadora: San Norberto, una hermandad que tiene una característica única: está conformada exclusivamente por mujeres.

El origen de esta agrupación se remonta a un momento crítico. A Elsa le diagnosticaron un cáncer agresivo e impiadoso, y los médicos la habían desahuciado. Lejos de llorar por el miedo a perder la vida, su angustia era otra: la posibilidad de no volver a ver el mar morado que inunda Lima cada octubre. Frente a la réplica del Cristo de Pachacamilla, arrastrando un cuerpo que ya sentía débil, le hizo una promesa al Señor: si Él la dejaba seguir adorándolo, ella le formaría un ejército de devoción.

La promesa se cumplió. En su recuperación, Elsa contó con el apoyo de amigas, y fue con ellas con quienes inició todo. Guiadas y dirigidas por la Cuarta Cuadrilla de las Nazarenas, salieron por primera vez a las calles cargando un cuadro pequeño. Desde entonces, y en todos los años que llevan desde la fundación, solo participan damas, algo muy singular en la historia de la Iglesia.

“El valor que tenemos es enorme y, al mismo tiempo, nos sentimos fuertes para conducirnos de esa forma”, sostienen. La iniciativa, además, sirve como ejemplo y se está propagando: en Ate, la Cuadrilla de la Virgen del Carmen también es femenina.

La presencia de estas mujeres no se limita a las fiestas del Señor de los Milagros. El pasado 23 de julio estuvieron presentes en la procesión de la Virgen del Carmen en Jesús María y cargaron el anda.

Hermanas continúan el legado de su madre.

La siguiente pregunta es si cuentan con el reconocimiento oficial de la Iglesia.

El agradecimiento es para ustedes, responden al cierre de la entrevista, tras haber compartido historias que parecen salidas de un relato de fe. Entre sus bendiciones más preciadas, cuentan el reencuentro con un hijo que llegó después de siete años de ausencia, justo cuando una de ellas cargaba el anda, y el nacimiento de Adriana Milagros, la niña que nació en octubre después de que a su madre se le rompiera la fuente a los cinco meses de gestación. “Mi madre, que es la fundadora, me dijo: ‘Ten fe. Vas a ver que nacerá en octubre’. Y así fue”, recuerda.

La cuadrilla, debidamente aprobada por el Arzobispado de Lima, no se limita a vestir el hábito morado únicamente en octubre. Lo usan casi todo el año, porque las invitan constantemente a participar en diversas celebraciones religiosas y siempre asisten con su vestimenta oficial. Sin embargo, hay un ritual al que jamás faltan: la primera salida de la imagen de las Nazarenas, cada primer sábado de octubre, momento que esperan con la misma ilusión y emoción de quien va a reencontrarse con su enamorado, y al que asisten con toda la familia.

Sobre la fe del ciudadano peruano, admiten que se ha perdido bastante, y por eso su labor, a través del testimonio, busca demostrar con el ejemplo cómo el Señor de los Milagros transforma vidas. En cuanto a sus esposos, confiesan que al principio costó un poco, pero finalmente ellos se dieron cuenta de lo hermoso que es vivir de la mano del Señor. Su historia, marcada por la perseverancia y la devoción, es un reflejo de esa transformación que predican.

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