Un vídeo que circula en redes sociales ha desatado una ola de indignación y preocupación en Cusco: en las imágenes se observa a tres turistas y tres niños cusqueños jugando fulbito con una pelota en una cancha inca o patio ubicado a un costado de la plaza de Chinchero, dentro del antiguo palacio inca de esta zona monumental. La actividad recreativa está completamente prohibida en este sitio arqueológico, considerado un lugar sagrado y de gran relevancia histórica y cultural para el Perú.
Chinchero no solo es un testimonio de la arquitectura y el ingenio de los incas, sino también un legado invaluable que ha resistido el paso del tiempo y que debe ser preservado para las futuras generaciones. Por ello, el acceso a estos sitios está regulado por leyes estrictas que prohíben cualquier actividad que pueda dañar las estructuras o el entorno, incluyendo el fulbito, que puede causar un desgaste innecesario en el terreno y los restos arqueológicos.
El hecho ha generado reacciones enérgicas tanto de las autoridades como del público en general. Tras lo ocurrido, la Gerencia Regional de Comercio Exterior y Turismo (Gercetur) solicitó un informe a la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco y recalcó que cualquier actividad deportiva está prohibida en zonas patrimoniales. Además, advirtió que el personal de resguardo en los centros arqueológicos resulta insuficiente, por lo que pidió mayores recursos para garantizar la seguridad.
Se espera que las autoridades tomen medidas para reforzar la vigilancia y asegurar que se respeten las normativas de protección. También se ha iniciado una campaña de concientización para educar a los visitantes y a los residentes locales sobre la importancia de preservar estos sitios históricos.
PIDEN INFORME
Gercetur, tras el incidente, solicitó el informe correspondiente a la Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco, insistiendo en que el fulbito y otras actividades recreativas están prohibidas en zonas patrimoniales y que se necesitan más recursos para el personal de resguardo.
El incidente en Chinchero deja una lección clara: la protección del legado cultural no es tarea exclusiva de las autoridades, sino un compromiso que involucra a todos. Tanto los visitantes extranjeros como los propios ciudadanos deben dimensionar el valor histórico de estos espacios y comportarse con el debido respeto, porque solo así se resguarda la memoria colectiva y se asegura que las próximas generaciones también puedan admirar estas riquezas.
Lo ocurrido en la zona arqueológica es un llamado de atención sobre la urgencia de fortalecer la conciencia ciudadana en torno a los sitios patrimoniales. Cada acción irresponsable, como la de estos turistas que armaron un partido de fulbito, evidencia que aún falta mucho por avanzar en materia de educación y sensibilización. Preservar estos tesoros no es un capricho, sino una obligación que garantiza la continuidad de nuestra identidad como país.
Este tipo de hechos nos recuerda que el patrimonio es frágil y que su cuidado depende de la actitud de cada persona. No basta con admirarlo; hay que protegerlo activamente. Si todos asumimos ese rol, evitaremos que se repitan escenas tan lamentables y contribuiremos a que la historia siga viva para quienes vienen detrás.
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