La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres instaló camas improvisadas en el salón comunal de San Juan Alotenango para recibir a los desplazados, mientras decenas de familias permanecen fuera de sus hogares por precaución. Muchos huyeron con apenas ropa y alimentos tras la potente erupción del volcán de Fuego, que obligó a las autoridades de Guatemala a declarar alerta anaranjada a nivel nacional.

El coloso, situado entre los departamentos de Escuintla, Sacatepéquez y Chimaltenango, inició su actividad eruptiva a las 8.30 a. m. del lunes. Durante la noche alcanzó la fase de paroxismo con explosiones más intensas y flujos de material incandescente que descendieron por las barrancas Seca, Taniluyá y Ceniza. "Desde la mañana amaneció activo. Ya en la noche dieron la voz de alerta de que había que evacuar", declaró a la AFP Alejandro García, de 68 años, residente del caserío Santo Domingo El Porvenir.

Édwin de León, miembro de los Bomberos Voluntarios de Antigua Guatemala, explicó a EFE que "hemos evacuado con buses" y reconoció que "hay personas que no quieren salir aún por temor a perder sus pertenencias". En ese contexto, Guatemala reforzó las medidas de protección y habilitó albergues temporales tras la intensa actividad del coloso.

El volcán de Fuego en Guatemala ha registrado una potente erupción, obligando a autoridades a declarar alerta anaranjada

Insivumeh prevé hasta 72 horas de intensa actividad

El primer evento eruptivo de 2026 en el volcán de Fuego podría extenderse entre 24 y 72 horas, según el comportamiento histórico del coloso, informó el director del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (Insivumeh), Edwin Rojas. El jefe del Departamento de Vulcanología, Amilcar Roca, precisó que no se registraba un incremento significativo de la actividad desde junio del año anterior.

El monitoreo satelital confirmó que la columna volcánica podría superar los 7.000 metros sobre el nivel del mar, mientras que la ceniza se desplaza a alturas de entre 5.000 y 6.000 metros y alcanza hasta 130 kilómetros en dirección al oeste. "El incremento en el número y tamaño de estas corrientes hacia la base del volcán se mantiene como la principal amenaza de las comunidades cercanas", advirtió el Insivumeh en su último boletín vulcanológico.

Zolaida Acajabón, evacuada de 78 años, relató a EFE que dejó su hogar "para evitar tragedias" y comparó la situación con la de 2018. "Está calmado, pero uno tiene temor", comentó.

Alerta nacional y cierres por la caída de ceniza

Ante el riesgo, la secretaria ejecutiva de la Conred, Claudinne Ogaldes, exhortó a las comunidades de Escuintla, Chimaltenango y Sacatepéquez a seguir las indicaciones oficiales. "Fueron habilitados autobuses para apoyar las evacuaciones y la Municipalidad de Escuintla abrió albergues", señaló. La vocera Valeria Urízar pidió a la población que realice una autoevacuación si las condiciones representan riesgo.

La Dirección General de Aeronáutica Civil mantiene recomendaciones preventivas para la navegación aérea, aunque el aeropuerto internacional de Ciudad de Guatemala continúa operando sin afectaciones. En tanto, el Ministerio de Educación suspendió las clases presenciales en 3 municipios aledaños al coloso y la policía de tránsito ordenó el cierre preventivo de la RN-14 a la altura del kilómetro 83, ingreso a San Juan Alotenango. Las autoridades también instaron a la población a proteger depósitos de agua y alimentos, usar mascarilla y tener lista la mochila de emergencia.

El de Fuego es uno de los tres volcanes activos de Guatemala, junto al Pacaya y el Santiaguito. Su erupción más letal data del 3 de junio de 2018, cuando una avalancha de material ardiente sepultó comunidades enteras y dejó 202 fallecidos y al menos 229 desaparecidos. En 1932, una explosión del macizo lanzó cenizas que llegaron hasta El Salvador y Honduras, a 125 y 175 kilómetros de distancia, respectivamente. Las fases eruptivas más recientes se registraron en febrero de este año y en junio de 2025, esta última con unas 800 personas evacuadas. El Insivumeh mantiene una red multiparamétrica de siete estaciones con cámaras, sensores sísmicos y monitoreo satelital que permite seguir en tiempo real cualquier cambio en el comportamiento del coloso.

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