El departamento que Jaime Bayly adquirió tras casarse con Sandra Masías Guislain quedó, por recomendación legal, a nombre del escritor. Su exesposa y sus hijas lo decoraron a su gusto y lo convirtieron en su hogar durante años de matrimonio. Sin embargo, el presentador terminó desalojándolas del inmueble, una decisión que ahora explica públicamente y que está vinculada a Silvia Núñez, su pareja desde hace 15 años.
En su última columna, Bayly narró la drástica medida que tomó contra sus hijas debido a su relación actual: las expulsó del departamento que figura a su nombre. Esta confesión llega después de que, en una entrevista, afirmara que sus hijas son más felices sin su presencia, un relato que conmovió a muchos.
Al regresar a Perú, el autor manifestó su incomodidad al volver a su país de origen, evocando recuerdos que ayudarían a entender el distanciamiento con sus hijas mayores. El episodio se produce tras haber compartido que sus hijas están más contentas lejos de él, y ahora la revelación sobre el desalojo y el papel de Núñez en esa determinación ha generado gran repercusión.
El reconocido presentador, que había evitado pronunciarse sobre el tema, finalmente ha explicado la razón detrás del alejamiento familiar, con un rol protagónico de Silvia Núñez. La medida que tomó contra sus hijas —sacarlas del departamento— fue la acción más drástica de un distanciamiento que ahora busca aclarar.
La decisión de desalojar a su expareja y a sus hijas, según confesó a El Comercio, se gestó cuando conoció a Silvia Núñez, hoy su esposa. La madre de sus hijas se negó a que el escritor tuviera encuentros íntimos en la propiedad por respeto a la familia, y él, conquistado por la nueva mujer, les retiró el respaldo y las echó sin opción a reclamo.
"Dos años después, me enamoré de quien es ahora mi esposa. Esto causó una crisis familiar. Mi exesposa se llenó de celos y prohibió que mi joven amante viniera a mi apartamento para estar conmigo. Enojado, la obligué a dejar el departamento con jardín que ocupaba con nuestras hijas. No pudo permanecer allí en contra de mi decisión ya que la propiedad estaba a mi nombre. Se fue, disgustada, con nuestras hijas. Le ofrecí dinero para que alquilara una casa, y no lo agradeció", detalló.
El origen del conflicto, sin embargo, se remonta a dos décadas atrás. "Nunca debí comprar esa propiedad. La compré hace veinte años porque mis hijas vivían en esa ciudad. Viajaba cada mes para verlas. Mi exesposa me convenció de adquirir un apartamento para ella y nuestras hijas. Ingenuo yo, caí en la trampa. Peor aún, con remordimientos por ser un padre ausente, compré también el piso de arriba. Por consejo de mi abogado, un hombre que no creía en las dulzuras del amor, ambas propiedades las registré a mi nombre", confesó. Esa inscripción a su nombre fue la llave que le permitió, años después, tomar la decisión unilateral que terminó por separarlo de sus hijas.
El escritor confesó que su exesposa no dudó en poner a sus hijas en su contra tras aquel acto, y ambas le aplicaron el castigo del silencio durante cuatro años. "Decidieron vengarse alejándome de mis hijas. Me dejaron de hablar durante cuatro años. No debí expulsarlas del apartamento que les regalé y que decoraron con tanto entusiasmo. Fue un abuso vil, uno de los peores errores de mi vida. Ahora ese apartamento está desocupado. Cuando visito la ciudad, duermo en el piso superior y no me atrevo a bajar, convertido en un museo del desamor y las promesas incumplidas", finalizó. El episodio impactó a las jóvenes, quienes actualmente viven fuera del país y mantienen escaso contacto con Bayly; sin embargo, hace algunos meses, una de sus hijas se casó y no tuvo problema en compartir con la actual esposa de su padre. Bayly calificó aquella decisión como el error más grande de su vida, pues le costó lo que más valoraba: la relación con sus hijas, a quienes sacó del departamento donde vivían junto a su madre.
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