Un estudio internacional publicado en la revista One Ecosystem plantea que más de un centenar de lagos poco profundos, distribuidos a lo largo de más de 1.000 kilómetros de la costa atlántica del sur de Brasil y Uruguay, podrían convertirse en uno de los escenarios científicos más valiosos del mundo. La región, que reúne condiciones ideales para anticipar los efectos del calentamiento global y otras presiones ambientales antes de que provoquen daños irreversibles, ha permanecido en un segundo plano dentro de la investigación mundial sobre ecosistemas acuáticos, según los especialistas.
La investigación, que representa la primera evaluación integral de estos lagos subtropicales costeros de Sudamérica, propone establecer una red de observación para monitorear la biodiversidad y la calidad del agua ante presiones como el crecimiento urbano y la contaminación. El sistema constituye una de las mayores redes continuas de lagos costeros poco profundos del planeta, y su ubicación geográfica y la diversidad de ambientes que alberga permiten analizar procesos ecológicos bajo condiciones muy distintas a las de los lagos del hemisferio norte, donde se concentra la mayor parte de las investigaciones sobre agua dulce.
Los investigadores sostienen que este extenso sistema lacustre ofrece una oportunidad excepcional para vigilar la biodiversidad, la calidad del agua, la contaminación y la capacidad de estos ambientes para resistir las alteraciones ambientales. Además, plantean una hoja de ruta para establecer un monitoreo internacional de largo plazo que permita comprender cómo el cambio climático y las actividades humanas transforman los ecosistemas de agua dulce.
Sistema de lagos costeros subtropicales someros de América del Sur (SA-CSSL), con sus cuatro subsistemas en detalle. Foto: One Ecosystem
La región que comparten el sur de Brasil y Uruguay se vuelve estratégica para la ciencia global: sus lagos subtropicales podrían llenar un vacío en la investigación mundial sobre agua dulce, tradicionalmente concentrada en el hemisferio norte. "La mayor parte de lo que sabemos sobre los lagos proviene del hemisferio norte", señaló Mariana Kluge, autora principal del estudio e investigadora de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas (SLU), al explicar por qué estos ecosistemas resultan una pieza clave para ampliar el conocimiento.
Renata Medina-Silva, de la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul (PUCRS), destacó el valor de estos cuerpos de agua: "Estos lagos subtropicales cubren una importante laguna en la investigación mundial sobre agua dulce. Nos permiten poner a prueba teorías ecológicas en condiciones ambientales muy diferentes, a la vez que proporcionan información crucial sobre cómo responden los ecosistemas de agua dulce subtropicales al cambio climático y a la creciente presión humana".
Los lagos podrían alertar sobre los primeros efectos del deterioro ambiental
El proyecto los concibe como ecosistemas centinela: observatorios naturales capaces de revelar las primeras señales de cambios ambientales antes de que el daño sea irreversible. Esa capacidad de alerta resulta urgente porque la zona ya enfrenta múltiples presiones que, según los científicos, se intensificarán en las próximas décadas.
Entre los factores de deterioro figuran los efectos directos del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), el crecimiento urbano acelerado, la eutrofización, la contaminación por actividades agrícolas y aguas residuales, así como contaminantes emergentes como productos farmacéuticos y microplásticos. A ello se suman episodios cada vez más frecuentes de lluvias intensas e inundaciones.
Para monitorear esas señales con precisión, la iniciativa combinará ecología microbiana, análisis de ADN ambiental (eDNA), teledetección, estudio de la química del agua y programas de seguimiento ecológico de largo plazo. La meta es desarrollar indicadores que identifiquen señales tempranas de estrés ambiental.
Una red internacional para proteger los ecosistemas de agua dulce
Las comunidades microbianas de estos lagos actúan como sensores biológicos extremadamente sensibles, capaces de detectar contaminación, degradación ecológica e incluso riesgos emergentes para la salud pública, según explicó Haig, investigador de la UFRGS. La iniciativa surgió de un taller internacional celebrado en Porto Alegre, sur de Brasil, organizado por la PUCRS y la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, con la participación de científicos de Brasil, Uruguay, Alemania y Suecia, quienes establecieron las prioridades científicas para los próximos años. Como resultado, se seleccionaron cuatro grandes regiones lacustres representativas del sistema para crear una red coordinada de observación permanente. Christian Wurzbacher, de la Universidad Técnica de Múnich, destacó que estos cuerpos de agua brindan una oportunidad única para examinar las primeras señales del cambio ambiental.
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