Un equipo internacional de investigadores halló microplásticos en 11 de 12 ejemplares de mejillones y caracoles de aguas profundas, lo que representa el 92% de las muestras analizadas. Los animales provenían de respiraderos hidrotermales ubicados a unos 2.000 metros de profundidad, en los océanos Pacífico e Índico, y pertenecían a cuatro especies distintas. El estudio, publicado en la revista Water Research, demuestra que incluso los ambientes más remotos y aislados del planeta ya presentan señales de contaminación por actividad humana.
Los científicos examinaron organismos que habitan cerca de chimeneas hidrotermales, estructuras que expulsan agua extremadamente caliente y rica en minerales desde el interior de la corteza terrestre. El hallazgo aporta nuevas evidencias sobre el alcance de la contaminación por plásticos y abre interrogantes sobre sus posibles efectos en los ecosistemas marinos profundos, uno de los entornos menos explorados del planeta.
¿Cómo llegaron los microplásticos hasta las profundidades del océano?
El viaje de estas partículas hasta el fondo marino comienza en la superficie, según explican los investigadores. Aunque el plástico suele flotar, con el tiempo microorganismos y algas se adhieren a su superficie y aumentan su peso. A ese proceso se suma el material orgánico, como las heces de peces y del zooplancton, que favorece su descenso hacia las profundidades.
La contaminación por plásticos alcanza así los ecosistemas más recónditos del planeta, donde la vida se ha adaptado a condiciones extremas de presión, oscuridad y temperatura. Los resultados del estudio refuerzan la preocupación científica sobre el impacto global de los desechos humanos en la biodiversidad marina.
Las muestras analizadas provinieron de dos expediciones científicas realizadas entre 2016 y 2019: la primera recorrió la cuenca Norte de Fiyi, en el Pacífico suroccidental, y la segunda se desarrolló en el océano Índico. En cada misión, un vehículo submarino operado a distancia capturó cuidadosamente los organismos que habitaban alrededor de los respiraderos hidrotermales.
El protocolo para evitar cualquier contaminación externa fue extremadamente riguroso. Cada ejemplar se envolvió de inmediato en papel de aluminio y se congeló a -80 °C. Ya en el laboratorio, los especialistas trabajaron con ropa de algodón, herramientas esterilizadas y recipientes de vidrio, y evitaron materiales plásticos durante todo el proceso de análisis.
Una vez que las partículas se acercan al lecho marino, las corrientes submarinas y los cañones oceánicos las concentran en zonas determinadas. La coautora del estudio, Se-Joo Kim, advirtió que "una vez que llegan allí, permanecen". La investigadora explicó que la ausencia de luz, calor y oxígeno frena de manera considerable los procesos químicos que degradan el plástico: "Todo lo que alcanza el fondo marino se acumula durante períodos mucho más largos que una vida humana", señaló.
El trabajo también reveló diferencias entre las especies estudiadas. Los caracoles de aguas profundas mostraron mayores concentraciones de microplásticos en el aparato digestivo, posiblemente porque se alimentan de las biopelículas bacterianas que cubren las chimeneas hidrotermales. Los mejillones, en cambio, presentaron una distribución más uniforme de las partículas entre las branquias y los órganos digestivos, un patrón asociado a su alimentación por filtración del agua.
La bioquímica Ana Carolina Ronda, del Instituto Argentino de Oceanografía y ajena al estudio, señaló que todavía no hay una relación directa comprobada entre el plástico que flota en la superficie y el que se acumula en el fondo marino. “¿Realmente se debe a las descargas en esa zona o esos microplásticos llegan desde otro lugar?”, cuestionó en Mongabay. También remarcó la urgencia de determinar si esas partículas alteran el funcionamiento biológico de los animales de aguas profundas. “Estos resultados abren muchas preguntas nuevas”, agregó.
El trabajo constituye la primera comparación de contaminación por microplásticos en especies de aguas profundas provenientes de dos océanos distintos. Los ejemplares recolectados en el Índico mostraron hasta 14,7 veces más microplásticos que los del Pacífico suroccidental. Según los autores, esa brecha podría explicarse por la enorme cantidad de residuos plásticos que ingresan al Índico desde las costas y los ríos, así como por el rol de los monzones en el transporte de contaminantes.
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