La informalidad no es un problema aislado que afecta solo a un sector: es la madre de todos los vicios que se consumen en otras actividades y, tarde o temprano, pasa la factura. Según la Encuesta Permanente de Empleo Nacional (EPEN) del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), aplicada entre enero y diciembre de 2025, siete de cada diez trabajadores en el país son informales. De los 17,6 millones de personas ocupadas, unas 12,3 millones no acceden a beneficios laborales básicos ni cuentan con protección social.

Este tipo de empleos no deberían verse como parte del sistema, sino como una alerta sobre lo que urge reducir. La informalidad daña y corrompe las instituciones públicas y privadas. En el sector transporte, por ejemplo, lo vivimos a diario: colectivos y todo tipo de movilidad pirata corretean matando y robándole a la gente, además de acumular millones de soles en multas. Es una informalidad que no se combate, que se ve y nadie se preocupa hasta que ocurren tragedias y se atienden sobre charcos de sangre.

En los puestos de Gamarra, en La Victoria, hay mucho empleo informal y también comercio ambulatorio. Esto genera el cobro de cupos por parte de algunos malos agentes municipales, quienes desde hace algunos años se han repartido los puestos y las calles como si fueran chacras a las que se les debería saquear. La EPEN también revela que, en los negocios pequeños de 1 a 10 trabajadores, el 88,6% de sus trabajadores es informal; en las empresas medianas (11 a 50 trabajadores) la cifra alcanza el 44%, y en las grandes empresas (más de 50 trabajadores) baja a 15,6%. Ojalá que en este nuevo gobierno se apunte a reducir este problema, que destruye vidas sin control a cambio de dinero.

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