Tras nueve años de expediciones científicas en la Antártida, investigadores de la Universidad Científica del Sur dieron a conocer los resultados preliminares de sus estudios, que arrojan nueva luz sobre la biodiversidad marina del continente blanco y su influencia en la regulación del clima global. Los trabajos se realizaron en el marco de las expediciones ANTAR, aprobadas por la Dirección de Asuntos Antárticos del Ministerio de Relaciones Exteriores, a bordo del BAP Carrasco entre 2017 y 2023, y también durante la Expedición Internacional de Circunnavegación Costera Antártica (ICCE), llevada a cabo en 2025 en el rompehielos ruso RV Akademik Tryoshnikov.
Entre los hallazgos más relevantes figura la identificación de 12 especies de esponjas nunca registradas en la Bahía Almirantazgo, así como la documentación de 36 especies de briozoarios en las inmediaciones de la Estación Científica Antártica Machu Picchu. Además, se concretó la primera medición peruana de clorofila-a alrededor del continente antártico, un indicador esencial para entender los efectos del cambio climático en esos ecosistemas.
“Estos hallazgos son el resultado de un trabajo sostenido y riguroso de nuestros investigadores en uno de los lugares más extremos del planeta. Cada especie identificada, cada dato recolectado, nos acerca más a comprender cómo el cambio climático está transformando los ecosistemas antárticos y, con ello, el equilibrio global de nuestro planeta”, afirmó Marie Anne Gálvez, decana de la carrera de Biología Marina de la Universidad Científica del Sur, al referirse a la importancia de estos resultados.
En la Ensenada Mackellar, contigua a la Estación Científica Antártica Machu Picchu (ECAMP), otro estudio identificó 36 especies de briozoarios, organismos marinos que viven adheridos al fondo del océano y construyen estructuras que sirven de refugio para numerosas especies. Estos animales cumplen un rol relevante en el denominado carbono azul, al capturar dióxido de carbono y almacenarlo en el fondo marino. Hasta ahora no existía un inventario de las especies presentes en esa zona, por lo que la investigación proporciona una línea base que permitirá comparar futuros cambios en la biodiversidad y medir el impacto del cambio climático en el ecosistema antártico.
En paralelo, durante el verano austral 2024-2025, investigadores peruanos participaron en la Expedición Internacional de Circunnavegación Costera Antártica (ICCE), donde realizaron la primera medición peruana de clorofila-a alrededor del continente blanco.
Los hallazgos previos provienen de las expediciones ANTAR XXVI y XXVII, realizadas en 2019 y 2020, cuando los científicos recolectaron núcleos de sedimento en la Bahía Almirantazgo, ubicada en la Isla Rey Jorge. El análisis de las espículas —microesqueletos fosilizados de las esponjas marinas— permitió identificar 27 grupos de esponjas: siete ya estaban documentados en la bahía, ocho correspondían a zonas cercanas y 12 especies no tenían registros previos en la localidad. Según los investigadores, estos microfósiles permiten reconstruir la historia de las comunidades marinas y evaluar cómo factores como el calentamiento del océano, la contaminación, el impacto de los icebergs o la reducción del oxígeno afectan estos ecosistemas.
Los especialistas advierten que el fitoplancton es altamente sensible a la disminución del hielo marino, la disponibilidad de luz y las variaciones del viento, factores que el calentamiento global está alterando. Estos organismos microscópicos, que constituyen la base de la cadena alimentaria marina y figuran entre los principales captadores de dióxido de carbono del planeta, fueron estudiados a partir de la clorofila-a, un indicador que permite estimar su abundancia.
Los niveles más elevados de clorofila-a se registraron en las zonas costeras y sobre la plataforma continental, donde el deshielo aporta nutrientes que favorecen el crecimiento del fitoplancton.
“Estos hallazgos demuestran que aún hay mucho por descubrir en la Antártida. Entender la biodiversidad de estos ecosistemas y cómo ha variado en el tiempo es esencial para predecir los impactos futuros del cambio climático, no solo en el continente blanco sino en todo el planeta”, afirmó Marie Anne Gálvez. Para los investigadores, comprender cómo evoluciona la biodiversidad marina antártica permitirá anticipar las consecuencias del cambio climático tanto en el continente blanco como en el resto del planeta.
Los resultados fueron presentados durante el Seminario Internacional “La Antártida como centinela del cambio climático”, organizado por la Dirección de Asuntos Antárticos del Ministerio de Relaciones Exteriores y la Universidad Científica del Sur, con el respaldo de la International Association of Cryospheric Sciences (IACS).
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