La Constitución fija en 25 años la edad mínima para ser diputado, pero Romina Uribe (Partido del Buen Gobierno) y Jair Manrique (Ahora Nación) apenas superan ese piso: tienen 28 y 29 años, respectivamente. Son los congresistas más jóvenes del nuevo Parlamento y, aunque pertenecen a bancadas distintas, reconocen que su edad marca experiencias compartidas. Poco después de la elección de las Mesas Directivas, ambos se tomaron un selfie que difundieron en sus redes sociales. "Por la Bancada Joven", decía la publicación.
Días antes de esa foto, conversaron con este medio sobre lo que significa ser joven y representar al país desde el Congreso. La juventud suele ser mencionada como un elemento clave en los espacios políticos, pero ambos advierten que es un error habitual entenderla como un bloque homogéneo. Más allá de las diferencias propias de sus tiendas políticas, Uribe y Manrique comparten una historia de acercamiento temprano a la vida pública.
Manrique, por ejemplo, participaba en los cacerolazos durante las marchas contra el breve gobierno de Manuel Merino. Era época de pandemia y vivía en Villa El Salvador, donde residió durante sus años de estudiante en la Universidad Nacional de Ingeniería. Pero esa no fue su primera experiencia política: a los 17 años impulsó una campaña de recolección de libros para Chimbote, su ciudad natal. Su ingreso a la política nacional llegó en 2016, cuando apoyó a Todos por el Perú como simpatizante de Julio Guzmán.
"Vino a mi universidad y, la verdad, me pareció un buen candidato. Era bastante tecnócrata. No pude votar por él porque lo sacaron. Vicié mi voto", recuerda.
Uribe también tuvo un acercamiento temprano. Su primera experiencia de representación llegó cuando fue elegida alcaldesa escolar en Breña. Antes había sido regidora de aseo y, a mitad de la secundaria, dio el siguiente paso: "Creo que ahí comenzó mi vocación de servir", señala.
Ambos llegaron a la curul con un camino previo que venían construyendo desde antes. Manrique, por ejemplo, vivía en São Paulo, Brasil, a finales de 2024 y ya tenía avanzados los borradores de varios proyectos de ley durante ese Año Nuevo. "Tenía un cuadro del Congreso. Creo que desde entonces quería ser congresista", relata. Uribe, en cambio, se acercó a la política a través del Partido del Buen Gobierno: cuando leyó su ideario, sintió que representaba sus convicciones y participó en el proceso de formación de la organización. "Mi forma de apoyar la inscripción fue firmando mi ficha de afiliación", cuenta, y agrega que sus amigos recibieron la noticia con naturalidad: "Me dicen que se sienten representados. La verdad, eso me alegra el corazón".
El entorno familiar también pesa a la hora de decidirse a incursionar en política, aunque las experiencias de ambos son distintas. Uribe encontró un ambiente favorable: "Tuve la suerte de venir de una familia donde, en la mesa, todos los puntos de vista eran bienvenidos y se conversaban con respeto". Manrique, en cambio, lidia con posturas opuestas en su propia casa: "Hay veces que discuto con mi hermano. Vive en Estados Unidos y es trumpista", dice entre risas. Y añade: "En parte creo que puede ser ignorancia, vivir afuera y no conocer la realidad. Es ignorancia hasta que le explicas que ciertas cosas no funcionan de esa forma. Cuando me escucha, termina dándome la razón".
Las diferencias de criterio no se limitan al ámbito familiar. En espacios políticos y fuera de ellos, los representantes de generaciones mayores suelen desmerecer las opiniones de los jóvenes apelando a su supuesta inexperiencia, con un argumento cargado de condescendencia. Pero la crítica también puede venir en sentido inverso. Manrique, cuando piensa en congresistas de 50 o 60 años, describe un choque: "Siento que a veces no tenemos puntos de encuentro. Es difícil entrar en materia con ellos. Creo que existe un roce generacional. Es común descalificar a alguien porque es joven, pero se van a dar cuenta de que están equivocados. Es cuestión de tiempo", afirma.
Uribe reconoce que esa asociación entre juventud e inexperiencia existe, aunque asegura no haberla padecido en carne propia: "No me ha pasado que me descalifiquen. En todos los espacios donde he estado siempre trato de desenvolverme dentro del marco del respeto. No creo que eso tenga que ser así".
La pregunta sobre por qué algunos jóvenes sufren el rechazo de las personas mayores por sus posturas políticas y otros no carece de una respuesta definitiva. Para Pavel Aguilar, profesor de Sociología Política de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), el choque generacional tiende a manifestarse con mayor fuerza entre quienes adoptan nuevas visiones sobre valores tradicionalmente arraigados. En ese sentido, la actual polarización política habría contribuido a construir “enemigos imaginarios asociados a los valores progresistas”, más que un rechazo directo de las personas mayores hacia la política de los jóvenes, según el especialista.
“La gente mayor suele calificar como ‘generación de cristal’ a los menores de 35 años. Esto parece tener cierta lógica, pues las personas de mayor edad suelen mostrar un mayor apego a modelos de familia y formas de entender la subjetividad más tradicionales, mientras que los jóvenes tienden a mostrar una mayor apertura hacia nuevos paradigmas. Si bien la política de los jóvenes suele asociarse con posturas progresistas —en un sentido amplio del término—, también es necesario considerar otros factores, como el género y el surgimiento de nuevas corrientes de jóvenes conservadores, para comprender la relación intergeneracional en la política”, sostiene Aguilar.
Deudas pendientes para una generación
Frente a la diversidad de realidades que atraviesan los ciudadanos jóvenes, algunos especialistas prefieren hablar de “juventudes” antes que de una sola juventud. En la misma Cámara de Diputados que integrarán Uribe y Manrique también estará Yenifer Paredes (Juntos por el Perú), una de las legisladoras más jóvenes del nuevo Congreso. Hija política del expresidente Pedro Castillo, creció en Cajamarca y representa una experiencia distinta. La pregunta surge de manera inevitable: ¿basta con ser joven para representar a la juventud?
Uribe considera que, pese a las diferencias, existen problemáticas compartidas: “Yo creo que basta con pertenecer a este grupo, tener sus mismas problemáticas y contar con una voz tan importante como la Cámara de Diputados”.
Una de esas problemáticas es el acceso a la vivienda. Según un estudio de la startup Roomi publicado en 2024, los peruanos son quienes más tardan en independizarse de sus padres en la región. La edad promedio para hacerlo es de 29 años. Sin políticas que faciliten ese paso, muchos jóvenes prolongan una ficción de adultez marcada por la dependencia económica o, en el peor de los casos, el abandono familiar y público.
Manrique llegó a Lima para estudiar con el dinero que sus padres le enviaban desde Chimbote, que apenas alcanzaba para el alquiler y algunos gastos. Para completar sus ingresos, daba clases particulares a otros universitarios: "Iba de cono a cono", recuerda. Esa experiencia lo marcó al punto de que, en su juramentación como congresista, prometió trabajar para que vivir no nos cueste la vida. La promesa está hecha; ahora queda cumplirla.
Uribe, en cambio, cuenta que hasta antes de asumir como diputada vivía con su madre. Poco antes de jurar al cargo dejó el Rímac para mudarse a una zona cercana al Centro de Lima: "Me estoy mudando a un lugar cercano. El trabajo es 24/7", comenta. Esa reciente independencia no le impide cuestionar las condiciones que enfrentan los jóvenes: "Hay todo un sistema detrás. Existe trabajo precarizado y las políticas de vivienda no están del todo bien diseñadas".
"En el Perú nos está costando mucha vida vivir. El Estado nos ha hecho pagar un impuesto invisible llamado vida. Vamos a un hospital y las colas son de tres o cuatro horas. Te despiertas a las tres de la mañana para hacer fila. Ese es un impuesto invisible que se paga por la ineficiencia del Estado. Si tienes una enfermedad crónica, no puedes esperar meses. Por eso tienes que ir a una clínica, y el precio es elevadísimo. Todo se paga con vida", añade.
Ambos aseguran haber vivido esa realidad. Para la elaboración de este reportaje se intentó contactar a Nathaly Molina, diputada del Partido del Buen Gobierno, quien también tiene menos de treinta años. Sin embargo, no se obtuvo respuesta.
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