Documentos históricos demuestran que el cansancio mental no es un mal exclusivo de la era contemporánea. Hace más de 1.600 años, los monjes que vivían en aislamiento y disciplina ya enfrentaban síntomas similares a los que hoy se conocen como estrés y burnout, y desarrollaron prácticas para recuperar el equilibrio emocional.

El religioso Juan Casiano fue quien describió ese estado de agotamiento físico y emocional que los griegos denominaban akedia, caracterizado por el desánimo, la fatiga y el rechazo hacia las tareas cotidianas. Sus escritos revelan que este mal afectaba a quienes llevaban una vida de disciplina y aislamiento, y que para enfrentarlo propuso una estrategia que hoy vuelve a despertar interés por su similitud con las recomendaciones actuales sobre bienestar y productividad.

El método de Casiano consistía en alternar el trabajo intelectual con las labores manuales para evitar que cualquiera de las dos actividades se volviera agotadora. Cuando el esfuerzo mental generaba cansancio, aconsejaba dedicarse a tareas físicas; después, una vez recuperada la concentración, era momento de regresar a la reflexión.

El estrés y el burnout, aunque se ven como problemas modernos, tienen raíces históricas.

La historia revela que algunas prácticas desarrolladas en los monasterios buscaban recuperar el equilibrio emocional, y que el diagnóstico de Casiano sobre la akedia sigue siendo sorprendentemente vigente. Su propuesta de combinar diferentes tipos de actividad se adelantó a su tiempo, pues hoy diversas recomendaciones sobre salud mental y productividad apuntan en la misma dirección.

El concepto de akedia no se quedó en los monasterios: con el tiempo evolucionó y el papa Gregorio Magno lo asoció a la pereza, incorporándolo a la tradición cristiana como uno de los siete pecados capitales, pese a que los síntomas descritos seguían delatando una sensación de agotamiento y pérdida de motivación. Ya en la Edad Media, la Iglesia optó por enfrentar este mal con conversaciones largas en los confesionarios, buscando entender el origen del sufrimiento de cada persona. Mucho antes, Casiano ponía como ejemplo al abad Paulo, un monje que tejía cestas durante todo el año aunque no llegara a venderlas: más que el resultado, mantenerse ocupado servía para reducir el desánimo y recuperar el equilibrio emocional. Las manifestaciones de ese agotamiento ya estaban descritas siglos atrás, pero recién en 2019 la Organización Mundial de la Salud reconoció oficialmente el burnout como un fenómeno ligado al estrés laboral crónico mal gestionado.

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