Cuatro disparos acabaron con la vida de Samir Boyer Padilla, un joven de 24 años que estaba a punto de graduarse como ingeniero agrónomo. El crimen ocurrió alrededor de las 3 de la madrugada del pasado 31 de mayo, en un parque de Barranca, cuando la víctima compartía con sus amigos.

Según testigos, dos sujetos salieron de un callejón del mercado Nuevo Amanecer y se dirigieron directamente hacia Samir, que permanecía junto a un vehículo estacionado frente al centro de abastos. Sus acompañantes lograron correr para ponerse a salvo, pero él no tuvo la misma suerte.

El primer proyectil impactó en una de sus piernas, lo que le impidió escapar. Los atacantes continuaron disparándole hasta dejarlo gravemente herido y huyeron por el mismo pasaje por el que habían llegado. Sus amigos lo subieron a un vehículo de transporte público para llevarlo al hospital, pero los médicos solo pudieron confirmar su fallecimiento.

La necropsia determinó que las balas le causaron una herida perforante en el hígado, laceración del pedículo hepático y un hemoperitoneo masivo. Las lesiones internas terminaron con la vida del universitario, que apenas una semana antes celebraba haber sustentado su tesis y esperaba convertirse oficialmente en ingeniero agrónomo.

Samir estaba a pocos días de cerrar una etapa que había construido con años de esfuerzo, pero ese futuro quedó sepultado en aquel parque de Barranca.

UNA VIDA MARCADA POR EL ESFUERZO

El padre de Samir, miembro de la Policía Nacional destacado en la selva, viajó para despedirse de su hijo. Nunca imaginó que el encuentro sería frente a un féretro. Quienes conocieron al joven coinciden en recordarlo como una persona responsable, tranquila y comprometida con su familia, con quien compartía otra pasión: rescatar perros abandonados y participar en actividades de protección animal.

Era el mayor de dos hermanos y dividía su tiempo entre el trabajo y la universidad. Junto a su madre y su hermana impulsaban una pequeña empresa de delivery con la que buscaban salir adelante. Su hermana recordó que siempre pensaba en el futuro de los suyos: les decía que quería apoyarlas, que ambas terminaran sus estudios y que algún día las sacaría adelante. Ese proyecto familiar quedó inconcluso con los disparos que apagaron su vida.

Fotografías junto a compañeros de universidad, amigos de barrio y ferias animalistas hoy son el retrato de una vida que, según quienes lo rodeaban, estuvo marcada por la solidaridad y el deseo de progresar.

El joven universitario Samir Boyer Padilla habría sido asesinado por error. Foto: América

LA HIPÓTESIS DE UNA CONFUSIÓN

La principal línea de investigación apunta a que Samir nunca fue el objetivo de los asesinos. El coronel PNP Wilfredo Wyngart Ferruzo informó que una de las hipótesis sostiene que los criminales se equivocaron de persona.

La reconstrucción del crimen apunta a que todo se habría desencadenado minutos antes del ataque, cuando se produjo una pelea durante una celebración dentro del mercado Nuevo Amanecer. En esa discusión participaron un ciudadano extranjero y un hombre de características físicas similares a las de Samir, según la información recogida por familiares y testigos. Tras el altercado, los agresores habrían salido en busca de la persona con quien tuvieron el conflicto y terminaron disparando contra el joven universitario.

Un amigo que presenció el ataque manifestó que todo habría sido producto de una confusión, pues no encontraba explicación para que fueran directamente contra él. Mientras tanto, agentes especializados revisan imágenes de cámaras de seguridad públicas y privadas para reconstruir la ruta de escape de los responsables e identificar a quienes participaron en el homicidio.

Samir Boyer Padilla fue acribillado cuando estaba reunido con amigos, en Barranca. Foto: América

La muerte de Samir estremeció a Barranca. Su féretro recorrió las principales calles de la ciudad y también fue llevado hasta la universidad donde cursó Ingeniería Agrónoma, donde compañeros, docentes, familiares y amigos lo despidieron entre aplausos, lágrimas y pedidos de justicia.

Su madre visita el cementerio con la promesa de no detenerse hasta encontrar a quienes acabaron con la vida de su hijo. Su hermana también participa en la búsqueda de información, recorriendo calles e ingresando al mercado Nuevo Amanecer para obtener datos que permitan identificar a los responsables.

La pregunta que ronda a la familia y que todavía espera respuesta es contundente: si el joven ingeniero fue asesinado por una equivocación, ¿quién responderá por la vida que le arrebataron cuando estaba a un paso de cumplir su mayor sueño? Por eso, además de la pena, los familiares llevaron su reclamo hasta la sede del Ministerio Público, donde exigieron celeridad en las investigaciones para evitar que el crimen quede impune. La muerte de quien estaba a punto de convertirse en ingeniero agrónomo no solo truncó una carrera profesional, sino que dejó un vacío que ningún resultado judicial podrá llenar. La exigencia de los deudos es clara: que se esclarezca el caso y que no haya impunidad para los responsables de arrebatarle la vida a un hombre que tenía todo por delante.

Leer artículo completo en trome.com →